27 de junio de 2013

The Dharma Bums I

     El mundo no debe ser tan malo cuando producía a tipos como él, pensé, y me sentí contento. El dolor de todos mis músculos y el hambre eran bastante desagradables, y las oscuras rocas que nos rodeaban, el hecho de que no hubiera nadie que te calmara con besos y palabras suaves, de que estuviera allí sentado meditando y pidiendo por el mundo con otro joven vehemente, era algo bueno haber nacido para morir, aunque sólo fuera para eso, como nos ocurría a nosotros. Algo saldrá de todo esto, amigos míos, en las Vías Lácteas de la eternidad desplegándose ante nuestros mágicos ojos sin envidia. Tuve ganas de contarle todo lo que pensaba, pero comprendí que no importaba y además, en cualquier caso, él ya lo sabía, y el silencio es la montaña de oro. 

     Le miré, su cabeza estaba metida en el saco de plumas de pato. Su forma acurrucada era la única cosa que se podía ver en muchos kilómetros de oscuridad saturada y concentrada de deseos de ser buena. Pensé: "Quién conoce el espíritu del hombre que mira a lo alto?" Este pobre muchacho diez años más joven que yo haciéndome parecer un idiota que olvida todos los ideales y la alegría que tenía antes, en mis recientes años de bebedor decepcionado. ¿Y qué le importa no tener dinero? No necesita el dinero, lo único que necesita es su mochila con esas bolsitas de comida seca y un buen par de zapatos, y allá se va a disfrutar de los privilegios de un millonario en sitios como éste. ¿Y qué millonario con gota podría llegar hasta esta roca? Nos ha llevado un día entero llegar hasta aquí. Y me prometí que iniciaría una nueva vida: Por todo el Oeste y por las montañas del Este, y también por el desierto, vagabundearé con una mochila, seguiré el camino puro. Y me dormí tras hundir la nariz dentro del saco de dormir y me desperté hacia el alba temblando; el suelo húmedo había atravesado el impermeable y el saco, y mis costillas estaban sobre un suelo más húmedo que el de una cama mojada. El aliento me humeaba. Me volví sobre el otro lado y volví a dormirme: mis sueños fueron puros sueños fríos como agua helada, pero sueños felices, no pesadillas. 

     ¿Qué significa que me encuentre en este mundo, sin fin, pensando en que soy un hombre sentado bajo las estrellas en el techo del mundo y, sin embargo, en realidad vacío y alerta en medio de la vacuidad e iluminación de todo? Significa que estoy vacío e iluminado, que que estoy vacío, iluminado, y que no hay diferencia entre yo y todo lo demás. En otras palabras, significa que me he convertido en lo mismo que todo lo demás.

     Y aquélla, la visión, estaba desprovista de cualquier sensación de ser yo mismo, era pura ausencia de ego, simplemente unas actividades etéreas e indómitas desprovistas de esfuerzo, desprovistas de error. 
 
    Crucé la frontera caminando ansiosamente y atravesé El Paso y fui a la estación de ferrocarril, recogí la mochila, lancé un gran suspiro, y anduve sin pausa aquellos cinco kilómetros hasta el arroyo, que era bastante fácil de reconocer a la luz de la luna, y subí, mis pies haciendo aquel solitario zuap zuap de las botas, y me di cuenta que sin duda había aprendido de él el modo de expulsar a los demonios del mundo y la ciudad y de encontrar mi alma auténtica y pura, siempre que tuviera una mochila decente a la espalda. Volví a mi campamento y extendí el saco de dormir y di las gracias al Señor por todo lo que me estaba dando. Ahora el recuerdo de toda aquella larga y siniestra tarde fumando marihuana con mexicanos de sombrero ladeado en un sórdido cuarto a la luz de unas velas era como un sueño. Medité y recé. No existe en el mundo ningún lugar donde se pueda dormir tan bien como de noche en el desierto, por el invierno, provisto de un buen saco de dormir caliente de pluma de pato. El silencio es tan intenso que uno puede oír rugir a su propia sangre en los oídos, aunque más fuerte que eso, y con mucho, es el misterioso ruido que yo siempre identifico con el ruido del diamante de la sabiduría, el misterioso sonido del propio silencio que es un gran Chsssss que recuerda algo que parece haberse olvidado a causa de la tensión, algo que remite a los días de nacimiento. Me gustaría poder explicárselo a las personas a quienes quiero, pero no existen palabras que describan su nada y su pureza.

     ¿Existe una verdad indudable y definida que se pueda enseñar a todos los seres vivos?, era la pregunta que probablemente se hacía Dipankara, el de grandes cejas nevadas, y su respuesta era el rumoroso silencio del diamante.