12 de diciembre de 2012

Cuando las palabras alcanzan.


Yo: ¿Sabías que te quiero, no? Te adoro, capaz no te lo digo lo suficiente. Quizás porque te considero un par en ésto de ser conciente, sólo a dos o tres personas más las considero así. Vos lo sos. Quizás por eso no me es necesario estarte encima o acercarme más, como a veces hago con otras personas. No es una justificación, es la verdad. Vos sabés que la felicidad y la presencia están en nuestro interior. Por eso sé que sabés que por mucho que me acerque, no puedo ofrecerte más amor del que ya llevás adentro. Te digo esto, no porque crea que nuestra relación no es lo suficientemente cercana, de hecho como te digo, sé que va mucho más allá del acercamiento terrenal, sino por si algún vestigio de tu mente te haga dudar de que el hecho de no vernos tanto signifique que no te quiero o que no sepa en verdad quién sos. 


Él: Las palabras justas de alguien que tiene autoridad para hablar de amor llegan como la brisa fresca en un húmedo día de sofocante calor. Yo siempre creo que nos decimos te quiero en muchos idiomas distintos. Esta vez lo necesitaba de cualquier manera y llegó en el momento oportuno. Así que gracias por el mensaje y gracias por estar ahí siempre, silenciosa, firme... Te banco. Banco tu "anormalidad", la apoyo y la incentivo. Esa manera de encontrar lo productivo donde para otros es una total pérdida de tiempo. O la manera de redefinir palabras tan acotadas hoy en día como belleza, como amor, como vivir. Banco tu locura y la milito llevándola como estandarte, como una bandera abstracta llena de colores, y milito como en los 70, librando batalla dialéctica contra el corto de mente/alma si es necesario. El placer no es compartir familia, es compartir el mundo con vos.