13 de julio de 2011

Ni

Se sentía como la última noche. Pero no tenía miedo. Supe que no lo era cuando encendí un cigarrillo. La última noche debería ser rendición. Y cuando nos rendimos lo cotidiano es infinitamente más intenso. Lo se porque me rendí muchas veces.
Los universos simbólicos aparecen tan rápido como desaparecen. Y no importa cuánto grites ni cuán profundo caigas. Ya no existe. Tampoco vos. Desaparecés en cada esquina.
Las imágenes te aplastan. Se van a volver gigantes y nos van a devorar. Ya lo hacen.
Quedás reducido a un pensamiento. El Otro no es más que vacío. Siempre podés estirarte un poco, tocarlo. No importa cuánto, tampoco el tiempo.
Ni siquiera importa cuantas veces se te quiebren las costillas, la única verdad se escapa entre los dientes.