18 de marzo de 2011

Retomando...

El otro día hablábamos de las diferencias generacionales con mi mamá. Y básicamente de la culpa. Nuestros padres tuvieron que romper con muchas estructuras y conceptos anidados en lo cultural hacía demasiado tiempo. Y nosotros quedamos en el medio, nuestra psiquis alterada, porque nacimos en un mundo completamente distinto en el que vivimos y resulta que la transición fue en nuestra plena adolescencia. Para nosotros, todo cambió de repente. No es difícil imaginar lo que toda una serie de cambios repentinos pueden ocasionar en la frágil base emocional de un adolescente. Y resulta que al final siempre la culpa va de aquí para allá dando vueltas, y aunque luchemos contra ella siempre necesitamos ubicarla en algún lado. Hasta que la vida misma se nos cae encima para poder entenderlo todo, o casi todo. Y concluimos que la culpa no es más que un invento maldito de vaya a saber quién. Cuestión que si sufrieron más las generaciones reprimidas, las revolucionarias, las que cortaron con lo establecido y se animaron a cambiar o los que tuvieron que adaptarse rápidamente a los cambios sin opción alguna con las consecuencias que eso trae, no lo sé. Podríamos decir que todas las generaciones tienen que atravesar procesos dolorosos y nos quedamos todos contentos. Hace poco una persona bastante más grande que yo me dijo: era tal la claridad de lo que aparecía como nuevo que no elegirlo hubiera sido peor que la muerte. Eso nos pasa a todos en algún momento, para bien o para mal, depende de si lo elegimos o no. La mayoría de la gente le tiene tanto terror a la muerte y sin embargo elige morir todos los días.

Es inadjetivable la manera en la que escribe Salinger. Creo que nunca había leído algo tan bueno. Supongo que algún cuento de Borges generó en mi la sensación más intensa que me haya provocado alguna vez la literatura. Y Dostoyevski me causa una fascinación indescriptible cuando lo leo. Pero Salinger es algo completamente diferente al resto. Leerlo es tan sencillo y complejo al mismo tiempo que por momentos me desorienta totalmente.
The King of Limbs, el nuevo disco de Radiohead, es un vuelo de pájaros. Es primitivo, interno, inconciente. Sólo Radiohead puede hacer un disco con mucho de electrónico que suene tan natural. Estoy convencida que su música está inmersa en la totalidad, fluye con el Universo, sus creaciones siguen la energía del todo, es el tao musical. Sólo formando parte podés entenderlo, o al menos eso quiero creer. Y no estoy exagerando. Probablemente H se cagará de risa de este párrafo. Yo me cago de risa de su cagada de risa, y así.

Retomo, no se bien por qué, pero leer a Salinger me da ganas de escribir. Como él, es imposible, pero claro, de decir cosas, de plasmar pensamientos, todas las imágenes y los conceptos (aunque estaría en desacuerdo con esta palabra) que se me vienen a la mente. Hubo varias cosas que me pasaron últimamente, y mucha cosa audiovisual y gráfica que absorbí en este tiempo que me hicieron pensar mucho en mi mamá. Mi mamá es un ser humano, quiero aclararlo en primer término. Puede hacerme reir con la misma facilidad con la que puede hacerme rabiar. Dice las cosas más insólitas y por lo general me llama para describirme las situaciones más bizarras o para preguntarme las cosas más desopilantes. Siempre tuve muchos (y cuando digo muchos, quiero decir demasiados) rollos con lo que significa una madre. No voy a ahondar, quédense tranquilos, no quiero hacer papelones divagando sobre cuestiones que no conozco del todo bien. Pero fuera del concepto de madre que tanto influyó en mi psiquis, mi mamá es una persona como cualquier otra, con sus virtudes o sus defectos, si es que esas cosas existen. Mejor dicho, con sus diversas facetas que me generan distinta gama de sensaciones. Muchas veces me sentí lejos de ella, tan lejos como puede una persona sentirse. Pero a la vez está tan pero tan cerca que puede ser aterrador. No ella, se entiende? Qué difícil es distinguir lo que nos moviliza de una persona de lo que esa persona realmente es. Pienso, ahora, que muchas veces fui injusta con ella. Recién ahora entiendo que nadie me puede hacer daño, incluso ni siquiera yo misma.

Volviendo, últimamente me cuesta mucho escribir. No tengo inspiración, no encuentro sobre qué ni como ni en que momento hacerlo. Creo que es porque estoy viviendo más hacia afuera, lo que por un lado está muy bueno. No será más que encontrar la manera de expresar esta nueva forma de estar en el mundo, esta nueva forma de estar vivo. A veces es mucho más difícil expresar la felicidad que las frustraciones o las crisis. De todas formas, cada vez que me releo hacia atrás, no hago más que confirmar que siempre fui feliz, sólo que a veces uno es más o menos conciente de eso.

Por último. Estoy floreciendo.