11 de septiembre de 2011

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Me preguntó si le tenía miedo a la muerte. Le dije que no. Que la muerte al menos es previsible, que tarde o temprano llega. Hace un tiempo unos chicos muy inteligentes me retaron en un bar a que les dijera una verdad absoluta. Me quedé en blanco. La muerte en ese entonces para mi no era ni siquiera una verdad. Pero lo es. Y es tan absoluta como inevitable.
La vida es mucho más difícil, y da mucho mas miedo. Sí. La vida es completamente imprevisible. E incontrolable. Uno puede estructurarse de tal manera, que termina creyendo que es feliz. Todos estamos en esa búsqueda. Pero de golpe la intensidad aparece repentinamente. Y las estructuras se desmoronan como todo lo demás. Y sólo queda vivirla. Aún con los riesgos que conlleva. De repente unos ojos que te miran, unas manos te tocan, un deseo se impone en una esquina y te hace girar hacia el lugar menos pensado.
Si aceptamos que la vida nos sorprenda, con toda la intensidad de la que es capaz, entonces no importa el miedo ni lo absoluta o inevitable que pueda ser, la muerte ya no existe.