29 de diciembre de 2010

No quería llegar a esto pero...

...como conclusión de fin de año me gustaría decir que el mundo está loco. Cada vez más. Bah no el mundo, sino la gente que habita en él. Y no toda, pero sí la mayoría, o al menos la mayoría que me rodea, que no es mucha, pero no me pidan más que mi visión acotada. Una vez aclarado a lo que llamo mundo (me refiero a mi percepción general de la gente que lo habita) tengo que decir que uno de los peores males que padece es que es hipócrita, además destructivo y muchas veces triste, pero no de esas tristezas que en el fondo nos alegran y nos hacen sentir vivos. No. De la que nos deja al borde de la desesperanza. Es cierto que todo depende de cómo lo miremos pero ¡vamos! que algunas cosas por más positivos que queramos ser son innegables. No lo digo por fatalista, al contrario. No creo que todo se vaya al carajo, pienso que ya estamos en el carajo. ¿Estuvo alguna vez el mundo en otro lado? No sé. Tenemos una historia de aniquilamiento los unos a los otros. También aniquilamos la tierra en la que vivimos. Y así.
A lo que iba con la hipocresía, básicamente, es que está lleno de gente que aparenta. Todo el mundo quiere aparentar una cosa u otra. Es más, ya no puede creérsele nada a nadie, y todo el tema de las redes sociales es la muestra de eso. En algún punto me resultan igual de deprimentes que los boliches cuando era más pendeja, observando el esfuerzo sobrehumano que todos hacían por mostrarse perfectos durante toda una noche. Bueno, ahora la cuestión en internet es a toda hora. Hay gente desesperada por que no lo etiqueten en una foto en facebook en la que salió mal. Hasta que punto la necesidad de mostrarse a toda hora pero esconder lo que no gusta de uno puede ser estresante y agotador. Lo bueno que tenían esas épocas era que si un chico te gustaba tenías que ir a alguna fiesta o reunión en la que estuviera. Era ahí, cara a cara, donde empezabas a conocer al otro. Y si te quería volver a ver te tenía que llamar o pasarte a buscar. Una amiga en la facu me contó una vez que a su novio con el que estuvo 8 años lo conoció en un bar. A ella le gustó apenas lo vio, pero el no la registraba. Lo miró toda la noche, inventó cualquier excusa para hablarle, lo intentó con toda la onda durante un par de horas haciéndose la copada con el flaco. Cuando salía del bar se pegó un palo terrible saliendo por la puerta. Cuando se levantó el pibe estaba ahí, con los amigos, matándose de risa. Ella se rió, el se acercó, la ayudó. Al otro día la llamó. Historia.
Ahora todo es distinto, las redes sociales ofrecen (para muchos, no quiero generalizar) la posibilidad de mostrar sólo una pequeña parte de lo que son. Estar constantemente viendo pedazos de personas (pedazos seleccionados por el ego) debe ser un poco insoportable. Por eso no tengo facebook. Aunque le veo también su utilidad y algunas cosas pueden ser divertidas. De hecho, no tengo nada contra ellas de por sí. Sólo me resulta odioso cómo alguna gente las usa. Tampoco pretendo juzgar, porque a todos nos cuesta en mayor o menor medida mostrarnos auténticamente, tal como somos. Sólo digo que me gustaría que las nuevas generaciones estén más despiertas y que sean menos hipócritas y que les interese menos la apariencia.
Cambiando de tema, no quiero no decir que vino Paul y fue maravilloso. Aunque nadie superará el 2009 con la venida de Radiohead, sólo podrían ellos mismos si volvieran. No me preocupa mucho eso, porque en no mucho tiempo pienso estar viajando por el mundo (si, el hipócrita, destructivo y triste mundo en que vivimos) y si no vienen acá, los volveré a ver en otros lados. Estoy segura que así va a ser, al final soy mucho más positiva de lo que creo. Pienso que cada año que pasa lo soy un poco más.
Para el año que viene los desafíos siguen siendo los mismos. Vencer al miedo. No importa qué forma adopte. O mejor dicho, no dejarme dominar por él. Ser más libre, más auténtica, menos condicionada. Mejorarse a uno es el mejor aporte para mejorarlo todo. Seguir entusiasmándome con la vida. Seguir siendo feliz.

23 de diciembre de 2010

X +

No me acuerdo de estar fascinada con Papá Noel, ni esperando su llegada expectante. Pero sí recuerdo perfecto el día que me contaron que en realidad no existía. Creo que siempre lo supe. En un momento creía que decirle a los chicos que Papá Noel existe para que después se den cuenta que no, era una crueldad. Pero ahora no sé si es tan así. Los Reyes Magos, en cambio, me fascinaban. Toda esa cuestión del dar y recibir era mejor que un gordo que vivía en la loma del culo y mágicamente entraba a las casas de todos los nenes a dejar regalos. Por lo menos a los camellos podías dejarles algo a cambio para que se refresquen. Me parecía cruel que los pobres llegaran hechos mierda con el calor que suele hacer en enero. Pero la interacción de dejar los zapatos y que te aparezca una sorpresa tenía un encanto especial. Hoy en día me encantaría que la Navidad me chupara un huevo, pero en algún momento la cargué simbólicamente y no puedo evitar que me provoque algo, todavía no sé bien qué, es probable que no lo averigüe nunca.

16 de diciembre de 2010

Jigsaw falling into place



Wish away your nightmare
Wish away the nightmare
You've got the light you can feel it on your back
a light you can feel it on your back
Jigsaw falling into place


Es porque soy obsesiva (a veces me aburro terriblemente de mi misma) que todo tiene que ser tan perfecto, tan encajado en su sitio, tan exacto, tan tan. Eso es un grandísimo problema en la vida cotidiana y en la emocional ni hablar. Porque pareciera que nada es perfecto, al menos es lo que se dice. Quiere decir, en pocas palabras, que no hay nada que pueda satisfacernos plenamente. ¿Entonces? Debería bastar con acercarse lo máximo posible y aceptar la imposibilidad de acceder a la tan preciada perfección. A lo que voy con esto es que, cuando se trata de marcarte con tinta la piel, se vuelve una necesidad imperiosa la de arrimarse a lo perfecto, por un motivo más que importante: es para siempre. Sí, resulta que esos tratamientos de láser que borran los tatuajes son una mentira. O quizás no lo sean para aquellos que pueden pagar una fortuna en hacer un procedimiento que quizás ni siquiera resulte en un cien por cien. Pero para los que no tenemos la holgura económica como para andar marcándonos la piel con el lema "total si no me gusta me lo saco"
, ante la sola idea de tatuarse se multiplican las preguntas y la gran perra: la duda. Teniendo en cuenta que varias cosas pueden salir mal (no gustarnos como queda, que el tatuador se equivoque, movernos justo cuando no debíamos, que duela demasiado, etc) hay motivos razonables como para, al menos, pensar seriamente la decisión. Pero a mi la exigencia que más me jodía era: si me voy a tatuar tiene que ser algo de lo que no me arrepienta nunca jamás, algo definitivo que me acompañe hasta el fin de mis días y que volvería a elegir una y millones de veces hasta el final. Es decir, mi decisión tajante era: nunca me tatuaría nada. Hay gente claramente inconciente de esta premisa que se tatúa cualquier cosa, (no me jodan ¿el rostro de un familiar muerto? Oh por Dios). Mi exigencia (que ha llegado a límites insospechados) y el convencimiento de que nada es seguro (tan típico del abandónico, como me llama el psicoanálisis) eran el cóctel infalible que me llevaba a asegurar que jamás me haría un tatuaje.
Hasta que llegó un día en el que, si bien para ese entonces ya tenía claro que la música era imprescindible en mi vida, después de una experiencia Radioheana muy particular me convencí de algo que me decidió por completo a inscribirme ese estado en la piel: todo es perfecto. Hay un lugar en el que todo es perfecto y a ese sitio interno que conozco tanto pero al que me resisto tanto también, Radiohead te lleva por una puerta directa. Cómo cuando estás meditando y llegás a ese momento, tan sutil, en el que ya no estás. O como cuando vivís una situación muy intensa emocionalmente. La experiencia de desaparecer por completo, no existir. De sentir todo de golpe y de repente la nada. Como si toda la capacidad sensitiva que poseemos se volviera una entidad que sale por el centro de tu cabeza hacia arriba y queda ahí flotando encima de tu cuerpo, y te deja no sentir nada pero sabiendo al mismo tiempo que cuando quieras podés estirarte y recuperarlo todo. La sensación de desprenderse, de que todo cambia indefectible y constantemente por mucho que nos aferremos a lo que sea. Y de que la vida es una corriente de energía capaz de adoptar infinitas combinaciones. El sentimiento de por primera vez encajar. Estar plantado en la tierra pero no atado. Como si el mundo se hubiera reducido a un espacio ínfimo, el único posible, pero el único donde querés estar. En totalidad. Fue tal la intensidad de la conexión, de la comprensión y de la certeza de la existencia del amor que tomé una decisión indeclinable, y ya no importaron los errores, las fallas o lo que pudiera salir mal. Todo era perfecto, y sin que interceda ningún tipo de decisión, sin siquiera pensarlo, me había tatuado a Radiohead en la piel.

11 de diciembre de 2010

¡Existen!

Lo más desesperante es que hayamos perdido la capacidad de asombro. Decir no puedo creer lo que pasó, es una pavada. Porque es total y absolutamente creíble. Todos los días escuchamos en la calle y en los medios de comunicación insultos, discursos xenófobos, actitudes discriminatorias. ¿Por qué sorprendería entonces que bajen a un pibe de 19 años de una ambulancia para rematarlo de un tiro en la cabeza? Y no la policía corrupta-ignorante-asesina de siempre, que la noche anterior había apaleado, insultado y pateado en el piso a los ocupantes. No. Los incidentes fueron con los vecinos de la zona y otros (¿bandas armadas? ¿patotas organizadas?) que exigen que les limpien el predio porque ellos quieren usar un parque que les corresponde. No voy a juzgar quién tiene derecho a qué. Porque para el caso todos tenemos los mismos (se supone, ¿no?, ¿no está claro a esta altura eso?) pero estaría bueno que pensemos en prioridades. El vecino tiene derecho a disfrutar de un espacio público para su esparcimiento. Pero el que no tiene para comer tiene derecho a un plato de comida, igual que el que no tiene donde vivir a una vivienda digna. Y eso es más importante que un pedazo de parque para pasar los domingos. Cuando la desesperación de un sector marginado de la sociedad toma un predio para exigir que se los escuche, ¿cuál es la urgencia de salir a reclamar que desalojen un lugar que ni siquiera está en condiciones? Así, este caso en particular representa el juego más perverso del sistema en el que estamos inmersos: para conseguir lo que querés tenés que cagarte en el otro. Incluso matarlo si es necesario. ¿O quién estaría dispuesto a renunciar a algo o a tener menos de lo que tiene para que el que no tiene nada pueda tener al menos lo básico para vivir dignamente?
Lo que más me asusta, es la reacción de los gobernantes. Sus actitudes. Lo de Macri ya no tiene definición. Salir a hablar en los medios de comunicación diciendo que los ocupantes son narcotraficantes y delincuentes. ¿Qué? ¿Qué dice este tipo? ¿Está loco? En un momento hipersensible, después de la muerte de dos personas, salir a decir una cosa así. Después nos preguntamos por qué últimamente se pone tanto acento en lo qué se dice, cómo se lo dice y quién lo dice. Es porque es importante. Si el Jefe de Gobierno, sale a dar un discurso xenófobo, de forma absolutamente irresponsable en el medio de un conflicto todavía en llamas. ¿Cómo nos vamos a extrañar que fusilen a un pibe de 19 años en frente de los médicos que le estaban intentando salvar la vida? Se sabe que balearon la ambulancia que se tuvo de ir del lugar dejando al herido con personas que portaban armas de fuego y le apuntaban. Ahora resulta que desmienten el disparo, pero, aún no habiendo sido así ¿nos extrañaría que fuera cierto?
La gran discusión de los políticos es quién tiene la responsabilidad. La Federal, la Metropolitana, Macri, Cristina, la ciudad, la nación. ¿Quién tiene la responsabilidad? Se pasan la pelota los unos a los otros intentando zafar (¡¿zafar!??!) del costo político. Como si eso fuera posible, porque lamentablemente lo es. La comunicación se encarga de que alguno de ellos salga mejor o peor parado que el otro. Y la gente les cree. Y discute, y se ponen de un lado o del otro buscando artículos de los diarios o testimonios de testigos que les permitan esclarecer un poco la situación (aún tan confusa) para decidir qué posición tomar y con qué argumentos respaldarla. Pero lo más triste es que nadie es defendible en este momento. Con Mariano Ferreyra pasó exactamente igual. ¡Cómo si las patotas sindicales dejaran de existir y los militantes dejaran de morir en manifestaciones por determinar quien es más o menos culpable que el otro! El único propósito de todos debe ser buscar a los responsables de los crímenes (no importa quiénes sean ni de dónde provengan, ni a quién respondan) que se cometen y encontrar las soluciones a los conflictos para que no se vuelvan a repetir. ¿Alguien va a ponerse las pilas con los planes de viviendas dignas después que pase el tema del parque indoamericano? ¿Alguien va a pensar en cómo resolver la situación original que desencadena este conflicto? ¿Y se acordará la sociedad de la muerte de estas cuatro personas? Nadie. Nadie. No.
Hablar de los insultos hacia los inmigrantes de nuestros países vecinos es inútil porque no tienen justificación alguna ni explicación. Al menos para mí, no puedo compender cómo una persona puede considerarse más que otra porque nació en un pedazo del planeta tierra sólo diferente al del otro por una frontera imaginaria. Es una diferencia que no existe. Comprendo los factores que intervienen para que así sea (muchísimos), pero aún así sigo sin entender. Alguien dijo (no recuerdo quién) que áquel que observa una injusticia y no la comprende por sí mismo no se la puede explicar nadie. ¿Acaso éstas personas decididas a sacar a patadas a los bolivianos de m****, como ellos los llaman, son una causa perdida? Hace unos meses estaba haciendo tiempo para entrar a la psicóloga en Palermo y entré a un bar a comprarme algo para tomar. Adentro había una chica que no tendría más de 20 años. Estaba hablando con un blackberry, contándole a una amiga que un negro de m**** le había robado el mismo celular a su hermana. Y unos días después escuché, estando en una reunión, que a los negros había que matarlos a todos. Y ayer un tipo le gritaba a la esposa de uno de los hombres asesinados (mientras ella lloraba y les explicaba a los periodistas que a su marido lo habían dejado tirado en la puerta del predio y que un remís lo tuvo que alcanzar al hospital) que ellos se tenían que volver a su país porque acá en Argentina no tenían derecho a exigir nada. Y lo decía cómo si eso cambiara algo. Cómo si eso fuera mejor para alguien. Triste. Demasiado triste es que ésto no nos sorprenda nada.

8 de diciembre de 2010

If you ever feel so sad, and the whole world is driving you mad. Remember, remember today



Fritjof Capra en su libro Sabiduría Insólita dice que los sesenta terminaron recién en diciembre de 1980, cuando le dispararon a Lennon. Que la inmensa pérdida que significó para todos en aquel momento supuso, en gran medida, el final de una era. Estoy segura que esta observación de Capra no hace más que afirmar lo que Lennon significó para toda una generación. Sin dudas fue uno de los representantes de esa época, con todo lo que ello significa. No sólo por su activismo social, también porque era un transgresor. El típico caso de un tipo que levanta una bandera y se termina convirtiendo en una para los demás. La historia está llena de ejemplos como ese. Más allá de todo, era una persona que generaba cosas, un inspirador. También está su música. Sus canciones, sus composiciones. Es decir, sus creaciones. Eso es lo más importante, más allá de cualquier análisis sobre su apropiación simbólica, su personalidad o su activismo en la última etapa de su vida. Su obra resiste todo aquello. Cada cual elige con qué Lennon quedarse y lo amará, lo odiará, o le tendrá indiferencia. Y por los mismos motivos o por razones diferentes. Para mi, por su legado musical y por su influencia a nivel social es uno de los más grandes personajes del siglo XX. Y además lo quiero. Porque era oscuro, retorcido y frágil. Porque estaba herido. Porque vivió como quiso, o como pudo. Y de paso, marcó la historia de la música para siempre.

5 de diciembre de 2010

This is the end, beautiful friend. This is the end, my only friend. It hurts to set you free, but you'll never follow me



Diciembre es un mes raro. Resulta que por esta época (según mi carta natal) hay un tránsito medio extraño de no se bien qué planetas metiéndose en no se qué casas y todo así, que hace que en la última parte del año (de todos los años de mi vida lógicamente) me vuelva más loca que de costumbre. Me pongo más fóbica, más obsesiva, más exigente, más introspectiva y más sensible que lo habitual. A decir verdad, ya estoy acostumbrada, es así y no hay vuelta que darle, lo compruebo cada año que pasa. E indefectiblemente, como buena obsesiva que soy, además del movimiento (terremoto) a nivel emocional, me pongo a repasar, y ahí van algunas de las tantas conclusiones. Resulta que este año se modificaron muchas cosas, recién ahora caigo en la cuenta de lo mucho que todo cambió (de hogar, de convivientes y de ocupación, entre otras cosas) Conocí varias personas muy copadas, algunas relaciones se volvieron más fuertes y otras que eran muy cercanas ya no están mi vida como antes. De todas formas, es mejor, todo lo es, a la larga es así. También me di cuenta de varias cosas a nivel personal. Cosas que quizás hasta hace un tiempo no quería admitir. Las veía sí, me daba cuenta, pero me hacía la boluda. Hace rato ya que me es imposible mirar para otro lado, este año me enfrentó a un montón de cuestiones y el resultado de eso siempre es positivo. Admitir lo que duele de uno mismo te da una libertad impresionante, y además la posibilidad de elegir lo que querés y lo que no querés más. La vida es un tanto compleja como para analizarla, pero creo que en definitiva la idea es poder enfrentarse con lo que uno es (aún las heridas y lo más oscuro de uno) y aceptarlo, así, el paquete completo. Otra cosa que me di cuenta (pero de esto hace varios años ya) es que no tengo problemas, al menos no los problemas habituales que aquejan a la gente. Mi problema es uno sólo y abarca todo, es absoluto. Es básico, primario. Cualquier conflicto es menor al lado del más esencial. Es decir, no te vas a preocupar por qué película mirar si no tenés un reproductor para verla (perdón, soy pésima para las analogías) No quiero ir más allá, pero supongo que se entiende. Por último, releyendo este blog, me di cuenta que en el 90 % de las entradas nombro la palabra vida y ser en cualquiera de sus derivaciones, formas y acepciones. A veces me puedo volver repetitiva, lo sé. Y un tanto egocéntrica, tal vez? Pero hasta que no resuelva definitivamente ciertas cosas creo que las van a seguir leyendo por acá. También le cambié la cara al blog (estaba un tanto cargado y confuso), necesitaba aclararlo un poco. Quedó lindo, ojalá les guste.