29 de diciembre de 2010

No quería llegar a esto pero...

...como conclusión de fin de año me gustaría decir que el mundo está loco. Cada vez más. Bah no el mundo, sino la gente que habita en él. Y no toda, pero sí la mayoría, o al menos la mayoría que me rodea, que no es mucha, pero no me pidan más que mi visión acotada. Una vez aclarado a lo que llamo mundo (me refiero a mi percepción general de la gente que lo habita) tengo que decir que uno de los peores males que padece es que es hipócrita, además destructivo y muchas veces triste, pero no de esas tristezas que en el fondo nos alegran y nos hacen sentir vivos. No. De la que nos deja al borde de la desesperanza. Es cierto que todo depende de cómo lo miremos pero ¡vamos! que algunas cosas por más positivos que queramos ser son innegables. No lo digo por fatalista, al contrario. No creo que todo se vaya al carajo, pienso que ya estamos en el carajo. ¿Estuvo alguna vez el mundo en otro lado? No sé. Tenemos una historia de aniquilamiento los unos a los otros. También aniquilamos la tierra en la que vivimos. Y así.
A lo que iba con la hipocresía, básicamente, es que está lleno de gente que aparenta. Todo el mundo quiere aparentar una cosa u otra. Es más, ya no puede creérsele nada a nadie, y todo el tema de las redes sociales es la muestra de eso. En algún punto me resultan igual de deprimentes que los boliches cuando era más pendeja, observando el esfuerzo sobrehumano que todos hacían por mostrarse perfectos durante toda una noche. Bueno, ahora la cuestión en internet es a toda hora. Hay gente desesperada por que no lo etiqueten en una foto en facebook en la que salió mal. Hasta que punto la necesidad de mostrarse a toda hora pero esconder lo que no gusta de uno puede ser estresante y agotador. Lo bueno que tenían esas épocas era que si un chico te gustaba tenías que ir a alguna fiesta o reunión en la que estuviera. Era ahí, cara a cara, donde empezabas a conocer al otro. Y si te quería volver a ver te tenía que llamar o pasarte a buscar. Una amiga en la facu me contó una vez que a su novio con el que estuvo 8 años lo conoció en un bar. A ella le gustó apenas lo vio, pero el no la registraba. Lo miró toda la noche, inventó cualquier excusa para hablarle, lo intentó con toda la onda durante un par de horas haciéndose la copada con el flaco. Cuando salía del bar se pegó un palo terrible saliendo por la puerta. Cuando se levantó el pibe estaba ahí, con los amigos, matándose de risa. Ella se rió, el se acercó, la ayudó. Al otro día la llamó. Historia.
Ahora todo es distinto, las redes sociales ofrecen (para muchos, no quiero generalizar) la posibilidad de mostrar sólo una pequeña parte de lo que son. Estar constantemente viendo pedazos de personas (pedazos seleccionados por el ego) debe ser un poco insoportable. Por eso no tengo facebook. Aunque le veo también su utilidad y algunas cosas pueden ser divertidas. De hecho, no tengo nada contra ellas de por sí. Sólo me resulta odioso cómo alguna gente las usa. Tampoco pretendo juzgar, porque a todos nos cuesta en mayor o menor medida mostrarnos auténticamente, tal como somos. Sólo digo que me gustaría que las nuevas generaciones estén más despiertas y que sean menos hipócritas y que les interese menos la apariencia.
Cambiando de tema, no quiero no decir que vino Paul y fue maravilloso. Aunque nadie superará el 2009 con la venida de Radiohead, sólo podrían ellos mismos si volvieran. No me preocupa mucho eso, porque en no mucho tiempo pienso estar viajando por el mundo (si, el hipócrita, destructivo y triste mundo en que vivimos) y si no vienen acá, los volveré a ver en otros lados. Estoy segura que así va a ser, al final soy mucho más positiva de lo que creo. Pienso que cada año que pasa lo soy un poco más.
Para el año que viene los desafíos siguen siendo los mismos. Vencer al miedo. No importa qué forma adopte. O mejor dicho, no dejarme dominar por él. Ser más libre, más auténtica, menos condicionada. Mejorarse a uno es el mejor aporte para mejorarlo todo. Seguir entusiasmándome con la vida. Seguir siendo feliz.

23 de diciembre de 2010

X +

No me acuerdo de estar fascinada con Papá Noel, ni esperando su llegada expectante. Pero sí recuerdo perfecto el día que me contaron que en realidad no existía. Creo que siempre lo supe. En un momento creía que decirle a los chicos que Papá Noel existe para que después se den cuenta que no, era una crueldad. Pero ahora no sé si es tan así. Los Reyes Magos, en cambio, me fascinaban. Toda esa cuestión del dar y recibir era mejor que un gordo que vivía en la loma del culo y mágicamente entraba a las casas de todos los nenes a dejar regalos. Por lo menos a los camellos podías dejarles algo a cambio para que se refresquen. Me parecía cruel que los pobres llegaran hechos mierda con el calor que suele hacer en enero. Pero la interacción de dejar los zapatos y que te aparezca una sorpresa tenía un encanto especial. Hoy en día me encantaría que la Navidad me chupara un huevo, pero en algún momento la cargué simbólicamente y no puedo evitar que me provoque algo, todavía no sé bien qué, es probable que no lo averigüe nunca.

16 de diciembre de 2010

Jigsaw falling into place



Wish away your nightmare
Wish away the nightmare
You've got the light you can feel it on your back
a light you can feel it on your back
Jigsaw falling into place


Es porque soy obsesiva (a veces me aburro terriblemente de mi misma) que todo tiene que ser tan perfecto, tan encajado en su sitio, tan exacto, tan tan. Eso es un grandísimo problema en la vida cotidiana y en la emocional ni hablar. Porque pareciera que nada es perfecto, al menos es lo que se dice. Quiere decir, en pocas palabras, que no hay nada que pueda satisfacernos plenamente. ¿Entonces? Debería bastar con acercarse lo máximo posible y aceptar la imposibilidad de acceder a la tan preciada perfección. A lo que voy con esto es que, cuando se trata de marcarte con tinta la piel, se vuelve una necesidad imperiosa la de arrimarse a lo perfecto, por un motivo más que importante: es para siempre. Sí, resulta que esos tratamientos de láser que borran los tatuajes son una mentira. O quizás no lo sean para aquellos que pueden pagar una fortuna en hacer un procedimiento que quizás ni siquiera resulte en un cien por cien. Pero para los que no tenemos la holgura económica como para andar marcándonos la piel con el lema "total si no me gusta me lo saco"
, ante la sola idea de tatuarse se multiplican las preguntas y la gran perra: la duda. Teniendo en cuenta que varias cosas pueden salir mal (no gustarnos como queda, que el tatuador se equivoque, movernos justo cuando no debíamos, que duela demasiado, etc) hay motivos razonables como para, al menos, pensar seriamente la decisión. Pero a mi la exigencia que más me jodía era: si me voy a tatuar tiene que ser algo de lo que no me arrepienta nunca jamás, algo definitivo que me acompañe hasta el fin de mis días y que volvería a elegir una y millones de veces hasta el final. Es decir, mi decisión tajante era: nunca me tatuaría nada. Hay gente claramente inconciente de esta premisa que se tatúa cualquier cosa, (no me jodan ¿el rostro de un familiar muerto? Oh por Dios). Mi exigencia (que ha llegado a límites insospechados) y el convencimiento de que nada es seguro (tan típico del abandónico, como me llama el psicoanálisis) eran el cóctel infalible que me llevaba a asegurar que jamás me haría un tatuaje.
Hasta que llegó un día en el que, si bien para ese entonces ya tenía claro que la música era imprescindible en mi vida, después de una experiencia Radioheana muy particular me convencí de algo que me decidió por completo a inscribirme ese estado en la piel: todo es perfecto. Hay un lugar en el que todo es perfecto y a ese sitio interno que conozco tanto pero al que me resisto tanto también, Radiohead te lleva por una puerta directa. Cómo cuando estás meditando y llegás a ese momento, tan sutil, en el que ya no estás. O como cuando vivís una situación muy intensa emocionalmente. La experiencia de desaparecer por completo, no existir. De sentir todo de golpe y de repente la nada. Como si toda la capacidad sensitiva que poseemos se volviera una entidad que sale por el centro de tu cabeza hacia arriba y queda ahí flotando encima de tu cuerpo, y te deja no sentir nada pero sabiendo al mismo tiempo que cuando quieras podés estirarte y recuperarlo todo. La sensación de desprenderse, de que todo cambia indefectible y constantemente por mucho que nos aferremos a lo que sea. Y de que la vida es una corriente de energía capaz de adoptar infinitas combinaciones. El sentimiento de por primera vez encajar. Estar plantado en la tierra pero no atado. Como si el mundo se hubiera reducido a un espacio ínfimo, el único posible, pero el único donde querés estar. En totalidad. Fue tal la intensidad de la conexión, de la comprensión y de la certeza de la existencia del amor que tomé una decisión indeclinable, y ya no importaron los errores, las fallas o lo que pudiera salir mal. Todo era perfecto, y sin que interceda ningún tipo de decisión, sin siquiera pensarlo, me había tatuado a Radiohead en la piel.

11 de diciembre de 2010

¡Existen!

Lo más desesperante es que hayamos perdido la capacidad de asombro. Decir no puedo creer lo que pasó, es una pavada. Porque es total y absolutamente creíble. Todos los días escuchamos en la calle y en los medios de comunicación insultos, discursos xenófobos, actitudes discriminatorias. ¿Por qué sorprendería entonces que bajen a un pibe de 19 años de una ambulancia para rematarlo de un tiro en la cabeza? Y no la policía corrupta-ignorante-asesina de siempre, que la noche anterior había apaleado, insultado y pateado en el piso a los ocupantes. No. Los incidentes fueron con los vecinos de la zona y otros (¿bandas armadas? ¿patotas organizadas?) que exigen que les limpien el predio porque ellos quieren usar un parque que les corresponde. No voy a juzgar quién tiene derecho a qué. Porque para el caso todos tenemos los mismos (se supone, ¿no?, ¿no está claro a esta altura eso?) pero estaría bueno que pensemos en prioridades. El vecino tiene derecho a disfrutar de un espacio público para su esparcimiento. Pero el que no tiene para comer tiene derecho a un plato de comida, igual que el que no tiene donde vivir a una vivienda digna. Y eso es más importante que un pedazo de parque para pasar los domingos. Cuando la desesperación de un sector marginado de la sociedad toma un predio para exigir que se los escuche, ¿cuál es la urgencia de salir a reclamar que desalojen un lugar que ni siquiera está en condiciones? Así, este caso en particular representa el juego más perverso del sistema en el que estamos inmersos: para conseguir lo que querés tenés que cagarte en el otro. Incluso matarlo si es necesario. ¿O quién estaría dispuesto a renunciar a algo o a tener menos de lo que tiene para que el que no tiene nada pueda tener al menos lo básico para vivir dignamente?
Lo que más me asusta, es la reacción de los gobernantes. Sus actitudes. Lo de Macri ya no tiene definición. Salir a hablar en los medios de comunicación diciendo que los ocupantes son narcotraficantes y delincuentes. ¿Qué? ¿Qué dice este tipo? ¿Está loco? En un momento hipersensible, después de la muerte de dos personas, salir a decir una cosa así. Después nos preguntamos por qué últimamente se pone tanto acento en lo qué se dice, cómo se lo dice y quién lo dice. Es porque es importante. Si el Jefe de Gobierno, sale a dar un discurso xenófobo, de forma absolutamente irresponsable en el medio de un conflicto todavía en llamas. ¿Cómo nos vamos a extrañar que fusilen a un pibe de 19 años en frente de los médicos que le estaban intentando salvar la vida? Se sabe que balearon la ambulancia que se tuvo de ir del lugar dejando al herido con personas que portaban armas de fuego y le apuntaban. Ahora resulta que desmienten el disparo, pero, aún no habiendo sido así ¿nos extrañaría que fuera cierto?
La gran discusión de los políticos es quién tiene la responsabilidad. La Federal, la Metropolitana, Macri, Cristina, la ciudad, la nación. ¿Quién tiene la responsabilidad? Se pasan la pelota los unos a los otros intentando zafar (¡¿zafar!??!) del costo político. Como si eso fuera posible, porque lamentablemente lo es. La comunicación se encarga de que alguno de ellos salga mejor o peor parado que el otro. Y la gente les cree. Y discute, y se ponen de un lado o del otro buscando artículos de los diarios o testimonios de testigos que les permitan esclarecer un poco la situación (aún tan confusa) para decidir qué posición tomar y con qué argumentos respaldarla. Pero lo más triste es que nadie es defendible en este momento. Con Mariano Ferreyra pasó exactamente igual. ¡Cómo si las patotas sindicales dejaran de existir y los militantes dejaran de morir en manifestaciones por determinar quien es más o menos culpable que el otro! El único propósito de todos debe ser buscar a los responsables de los crímenes (no importa quiénes sean ni de dónde provengan, ni a quién respondan) que se cometen y encontrar las soluciones a los conflictos para que no se vuelvan a repetir. ¿Alguien va a ponerse las pilas con los planes de viviendas dignas después que pase el tema del parque indoamericano? ¿Alguien va a pensar en cómo resolver la situación original que desencadena este conflicto? ¿Y se acordará la sociedad de la muerte de estas cuatro personas? Nadie. Nadie. No.
Hablar de los insultos hacia los inmigrantes de nuestros países vecinos es inútil porque no tienen justificación alguna ni explicación. Al menos para mí, no puedo compender cómo una persona puede considerarse más que otra porque nació en un pedazo del planeta tierra sólo diferente al del otro por una frontera imaginaria. Es una diferencia que no existe. Comprendo los factores que intervienen para que así sea (muchísimos), pero aún así sigo sin entender. Alguien dijo (no recuerdo quién) que áquel que observa una injusticia y no la comprende por sí mismo no se la puede explicar nadie. ¿Acaso éstas personas decididas a sacar a patadas a los bolivianos de m****, como ellos los llaman, son una causa perdida? Hace unos meses estaba haciendo tiempo para entrar a la psicóloga en Palermo y entré a un bar a comprarme algo para tomar. Adentro había una chica que no tendría más de 20 años. Estaba hablando con un blackberry, contándole a una amiga que un negro de m**** le había robado el mismo celular a su hermana. Y unos días después escuché, estando en una reunión, que a los negros había que matarlos a todos. Y ayer un tipo le gritaba a la esposa de uno de los hombres asesinados (mientras ella lloraba y les explicaba a los periodistas que a su marido lo habían dejado tirado en la puerta del predio y que un remís lo tuvo que alcanzar al hospital) que ellos se tenían que volver a su país porque acá en Argentina no tenían derecho a exigir nada. Y lo decía cómo si eso cambiara algo. Cómo si eso fuera mejor para alguien. Triste. Demasiado triste es que ésto no nos sorprenda nada.

8 de diciembre de 2010

If you ever feel so sad, and the whole world is driving you mad. Remember, remember today



Fritjof Capra en su libro Sabiduría Insólita dice que los sesenta terminaron recién en diciembre de 1980, cuando le dispararon a Lennon. Que la inmensa pérdida que significó para todos en aquel momento supuso, en gran medida, el final de una era. Estoy segura que esta observación de Capra no hace más que afirmar lo que Lennon significó para toda una generación. Sin dudas fue uno de los representantes de esa época, con todo lo que ello significa. No sólo por su activismo social, también porque era un transgresor. El típico caso de un tipo que levanta una bandera y se termina convirtiendo en una para los demás. La historia está llena de ejemplos como ese. Más allá de todo, era una persona que generaba cosas, un inspirador. También está su música. Sus canciones, sus composiciones. Es decir, sus creaciones. Eso es lo más importante, más allá de cualquier análisis sobre su apropiación simbólica, su personalidad o su activismo en la última etapa de su vida. Su obra resiste todo aquello. Cada cual elige con qué Lennon quedarse y lo amará, lo odiará, o le tendrá indiferencia. Y por los mismos motivos o por razones diferentes. Para mi, por su legado musical y por su influencia a nivel social es uno de los más grandes personajes del siglo XX. Y además lo quiero. Porque era oscuro, retorcido y frágil. Porque estaba herido. Porque vivió como quiso, o como pudo. Y de paso, marcó la historia de la música para siempre.

5 de diciembre de 2010

This is the end, beautiful friend. This is the end, my only friend. It hurts to set you free, but you'll never follow me



Diciembre es un mes raro. Resulta que por esta época (según mi carta natal) hay un tránsito medio extraño de no se bien qué planetas metiéndose en no se qué casas y todo así, que hace que en la última parte del año (de todos los años de mi vida lógicamente) me vuelva más loca que de costumbre. Me pongo más fóbica, más obsesiva, más exigente, más introspectiva y más sensible que lo habitual. A decir verdad, ya estoy acostumbrada, es así y no hay vuelta que darle, lo compruebo cada año que pasa. E indefectiblemente, como buena obsesiva que soy, además del movimiento (terremoto) a nivel emocional, me pongo a repasar, y ahí van algunas de las tantas conclusiones. Resulta que este año se modificaron muchas cosas, recién ahora caigo en la cuenta de lo mucho que todo cambió (de hogar, de convivientes y de ocupación, entre otras cosas) Conocí varias personas muy copadas, algunas relaciones se volvieron más fuertes y otras que eran muy cercanas ya no están mi vida como antes. De todas formas, es mejor, todo lo es, a la larga es así. También me di cuenta de varias cosas a nivel personal. Cosas que quizás hasta hace un tiempo no quería admitir. Las veía sí, me daba cuenta, pero me hacía la boluda. Hace rato ya que me es imposible mirar para otro lado, este año me enfrentó a un montón de cuestiones y el resultado de eso siempre es positivo. Admitir lo que duele de uno mismo te da una libertad impresionante, y además la posibilidad de elegir lo que querés y lo que no querés más. La vida es un tanto compleja como para analizarla, pero creo que en definitiva la idea es poder enfrentarse con lo que uno es (aún las heridas y lo más oscuro de uno) y aceptarlo, así, el paquete completo. Otra cosa que me di cuenta (pero de esto hace varios años ya) es que no tengo problemas, al menos no los problemas habituales que aquejan a la gente. Mi problema es uno sólo y abarca todo, es absoluto. Es básico, primario. Cualquier conflicto es menor al lado del más esencial. Es decir, no te vas a preocupar por qué película mirar si no tenés un reproductor para verla (perdón, soy pésima para las analogías) No quiero ir más allá, pero supongo que se entiende. Por último, releyendo este blog, me di cuenta que en el 90 % de las entradas nombro la palabra vida y ser en cualquiera de sus derivaciones, formas y acepciones. A veces me puedo volver repetitiva, lo sé. Y un tanto egocéntrica, tal vez? Pero hasta que no resuelva definitivamente ciertas cosas creo que las van a seguir leyendo por acá. También le cambié la cara al blog (estaba un tanto cargado y confuso), necesitaba aclararlo un poco. Quedó lindo, ojalá les guste.

24 de noviembre de 2010

Maldita sea, hay cosas hermosas en el mundo, y cuando digo hermosas quiero decir hermosas. Somos unos cretinos al apartarnos tanto de lo fundamental

Si le vas a declarar la guerra al Sistema, dispara como una chica buena e inteligente: porque el enemigo existe y no porque te disguste su peinado o su maldita corbata.

Ayer terminé de releer por segunda vez consecutiva Franny and Zooey de Salinger. Apenas terminé de leerlo lo volví a empezar. Es algo que vale la pena hacer con un libro como ese. Porque me pasaron varias cosas, en primer lugar hubo partes que las tuve que leer rápidamente. Supongo que tiene que ver con la negación o la resistencia. Hay pasajes del libro que me provocaron cosas difíciles de digerir, otras me dieron miedo, no miedo a lo que dice sino justamente a lo que me generan. Esas partes de mi que se despiertan bruscamente hace años y que no puedo terminar de asimilar, quizás sí algunas cosas, pero a veces es difícil dejar morir un estado que inevitablemente tiene que desaparecer para que surja uno completamente nuevo. Soy una convencida que los libros llegan en el momento exacto en que tenemos algo que comprender. No es casualidad leer uno u otro en distintos momentos de la vida. Franny and Zooey es uno más de una seguidilla de libros que, o bien llegan inesperadamente, o por casualidad, o simplemente porque entro a la librería y digo deme ese sin pensar demasiado. Así es que una vez que me los pongo a leer me doy cuenta de esa inconciente manera en que llegan a mis manos. Al mismo tiempo, soy muy conciente de esa especie de presencia superior que hace que todo lo que nos pasa (incluso los libros que leemos o la música que escuchamos) represente un nuevo escalón, una nueva oportunidad de enfrentarnos al cambio. Soy muy conciente de esto y sin embargo a veces me olvido y me convenzo de que no creo en nada sumiéndome en el peor estado catastrófico de la vida sin sentido, cuando en realidad la vida está llena de sentidos por todos lados. No el sentido de la vida como producto que la gente suele buscar a lo largo de su existencia (porque, definitivamente, no lo tiene) sino las direcciones de la energía vital que nos llevan a conocernos y comprender cada vez más. Releo los libros en los cuales, durante la lectura, el ego se entromete con su vehemencia y su resistencia y desea que me deje engañar. Además, en la relectura, subrayo. Es una forma de decirle a esa parte de mi, tomá! yo sé que ésto es importante, ésto es algo, no lo voy a dejar pasar. No necesariamente porque sea un fragmento genial de la obra, sino porque es el pedazo que genera algo. Además, siguiendo estrictamente con el libro, Zooey se transformó en uno de mis personajes favoritos de mi literatura. Es la conciencia que nos resistimos a aceptar, inmersa en un mundo definitivamente hostil para el despertar. Y resulta también que éste Salinger es de esos autores que me enloquecen porque, en definitiva , me pone constantemente frente al desafío existencial que me persigue (literalmente a cada minuto de mi vida) y al que le sigo escapando. Bueno, no le escapo, le tengo miedo. Sí, resulta que en el fondo todo lo desconocido me resulta peligroso. Quizás porque llegué a lo desconocido de muy chica y no supe qué hacer con eso. Y, lamentablemente, el auto-engaño es un monstruo que crece adentro de uno mientras más se le escapa. Pero llega un momento de la vida en que indefectiblemente tenés que enfrentarte con eso. Y pasás de interesarte en boludeces que supuesta y aparentemente te colman para terminar desechando absolutamente todo y darte cuenta que en definitiva nada te interesa realmente porque, resulta que ya lo tenés todo. Y sí, no necesitás más de lo que ya tenés. Y en un sistema que te obliga a querer cada vez más y más esa certeza puede volverte un poco loco. Hasta que en definitiva encontrás el equilibrio y te das cuenta que muchas cosas sí te interesan pero que no de la forma que creías que debían importarte. Ejemplo, cuando llegás al estado de cuestionarte hasta para que carajo leés un libro, porque todo te parece al pedo. Y de repente te cae la ficha y te das cuenta lo que pasó después de la lectura. Y entendés que el único motivo que puede tener leer un libro es el solo hecho de leerlo. Y que además, de vez en cuando, te podés topar con un autor como Salinger que posiblemente se haya preguntado lo mismo que vos y te das cuenta que el interés y la importancia de las cosas se recibe y se siente desde un lugar muy diferente al de la mente. Cuando te preguntás hasta para que carajo seguís (y no porque no quieras, sino porque sabés que sólo podés seguir de otra manera) este libro te vuelve a ubicar en la vida. Y te hace sentir menos bicho raro por preguntártelo. Franny and Zooey es un libro disociado en muchos aspectos. Y te muestra claramente, todo el tiempo, esa disociación tan difícil a veces de comprender. Lo que somos y lo que creemos que somos. Es decir, el ser y la mente, la conciencia y el ego, o como lo quieran llamar. Y de cómo la mente mientras más poderosa y más compleja, más oportunidad te dá de liberarte de ella, porque se hace visible, con todo su abanico de mecanismos. Y te das cuenta de cómo se resiste a desaparecer, como te puede destruir en ese camino, pero cómo crece en intensidad la conciencia mientras más destructivo se vuelve el ego. Y de cómo podés pensar y pensar pero llegás. Y resistir, darle mil vueltas, sufrir, no saber si querer seguir comprendiendo, pero igual, siempre, de cualquier manera llegar. Porque aunque no quieras la vida te obliga todo el tiempo a comprender. Y eso es en definitiva una oportunidad única, yo creo. Porque no estar conciente es estar muerto en vida. Y porque de eso, en definitiva, es de lo que habla este libro.

17 de noviembre de 2010

Hey! Mr. Tambourine Man, play a song for me, I’m not sleepy and there is no place I’m going to


Este tema de Dylan, no sólo es uno de mis preferidos de todos los temas que escuché alguna vez en mi vida, además es uno de los más claros ejemplos de su genialidad, y de que, aparte de un excelente músico, es un enorme poeta. La letra acá. La traducción acá.

11 de noviembre de 2010

And in the end, the love you take is equal to the love you make


Paul McCartney es un beatle. Lo fue y lo será siempre. Verlo aparecer arriba de un escenario, en vivo, como nos sucedió a miles ayer a la noche, fue surreal. Sobre todo, para aquellos que no habíamos ni siquiera nacido en los sesenta, y que crecimos escuchando las historias de esa década maravillosa para la música (y también en otros ámbitos) en la cual pasaron muchas cosas y cambiaron otras tantas. Verlo ahí, después de haber repasado miles de veces la historia de la mejor banda de música de todos los tiempos (al menos para muchos), o, podría decirse también, una de las más revolucionarias bandas de rock de la historia, fue simplemente mágico. Si, es cursi esa palabra, pero no se me ocurre otra para describir el instante en que se paró con su traje y su elegante porte inglés en el escenario, con su bajo impecable y empezó a sonar su voz. Haber tenido la oportunidad de verlo, escucharlo, de estar ahí, se sintió como haber sido parte de la historia. Los Beatles fueron una banda especial, ya lo dijo Paul hace unos días, y eso es innegable. Trascendieron las barreras de la música, se convirtieron en una leyenda, en una especie de símbolo de una época que fue un estallido en todos los aspectos. No me quiero poner a analizar el fenómeno que representan en términos formales. No me interesa. Lo de Paul ayer fue un regalo, tres horas de buena música y de ser parte de algo maravilloso. ¿Qué es ese algo maravilloso? La banda impresionante que tiene, con unos músicos de la puta madre; la gente increíble, emocionada, en comunión absoluta. Y Paul, obvio. Paul y su energía infinita. Y su simpatía, y su alegría de estar vivo. En un momento nos preguntó, ¿están felices?. ¡Cómo decirle que no! La música logra eso, que exista sólo el presente, el ahora, en conexión con algo más grande. ¡Y cómo no ser feliz en ese estado de entrega total, de desprendimiento absoluto de todo lo que no somos, de todo lo que no importa! Paul sabe que todavía puede dar estos recitales impresionantes, y gracias a él que aún lo hace. Porque sabe lo que da. Lo que genera. Por eso al final termina diciendo: el amor que recibís, es exactamente igual al amor que entregás. Y él entrega, su fuerza, su energía, su alegría, su perfeccionismo, su habilidad musical, su voz aún intacta. Se nota que todavía lo disfruta, que lo hace como el primer día, se nota y lo transmite. Y además de todo eso, nos regala el recuerdo de George y la canción perfecta que le escribió a John.
John es particularmente especial para mi. Pero Paul no se queda atrás, Paul es determinación, pies en la tierra, equilibrio. Paul es todo lo que quería recibir ayer. Gracias.

6 de noviembre de 2010

La muerte es despojarse de todo lo que uno no es

Hace unos días leí en un libro que la muerte es despojarse de todo lo que uno no es. Y es que ante ese hecho inevitable lo más esencial de uno se despierta, y nos volvemos más intuitivos, más concientes, más honestos y hasta me animaría a decir que más inteligentes. Es ese momento donde muchas verdades se revelan. Porque quizás ante la muerte nos sinceremos con nosotros mismos más de lo habitual. Así, frente a las verdades reveladas surgen todo tipo de movimientos que vuelven a ponernos en eje. Ese centro fundamental al que sólo podemos acceder cuando todo se nos presenta tal cual es. Supongo que la única forma de ser libres es muriendo, aún antes de que la muerte verdadera nos llegue. Morir en el sentido de sacarnos toda la basura condicionada de encima y ser lo que somos, sin tanta vuelta.

28 de octubre de 2010

GRACIAS



Eras como un huracán que arrasa con todo, pero a diferencia de los huracanes que no dejan nada tras su paso, vos nos dejaste lo más importante, un camino a seguir. Siempre voy a agradecerte el hecho de que hayas puesto tantas cosas en juego, que te hayas arriesgado a cambiar el país. Que hayas creído en el Estado como el mayor responsable de proteger al pueblo y lo que es de él. Que hayas hecho tanto por la justicia y la memoria de aquellos que en los años setenta dieron su vida por este país. Porque son esas personas las que realmente valen la pena, las que ponen el cuerpo por sus ideas. Que hayas construido de la nada un país encaminado a ser más justo e igualitario, que hayas vuelto la política decadente y nefasta que te precedió en una llena de compromiso y militancia. Cuando en el futuro te recuerde y mire para atrás voy a pensar en tu entrada al congreso a votar por la ley de matrimonio igualitario. Voy a verte descolgando el cuadro de Videla, devolviéndole a los trabajadores el derecho a discutir los convenios colectivos de trabajo, y recuperando las empresas vaciadas por el neoliberalismo. Desenmascarando a los mentirosos de siempre. Derogando la ley de obediencia de vida y punto final. Impulsando la ley de medios. Construyendo una región latinoamericana fuerte e independiente. Diciéndole no al alca, abriéndole las puertas de un estadio a Chávez en una ciudad donde la potencia norteamericana venía a seguir insistiendo con la explotación de nuestra gente. Y te voy a recordar hablando y accionando con fortaleza contra corporaciones poderosas. En definitiva, hiciste lo que un líder debe hacer. Moviste las barreras de lo imposible. Te voté en el 2003 sin conocerte, sólo porque decidí creer en vos. Y debo decirte, que aunque muchas cosas te recrimino y otras tantas te reprocho, nos sacudiste a todos. Y esa sacudida fue un renacer por el que te voy a estar agradecida, siempre.


24 de octubre de 2010

Hipnotizador Personal

El Hipnotizador Personal
Pedro Mairal


Hace diez años, en un taller literario, conocí a una chica que tenía mucha plata. Mejor dicho, sus padres tenían mucha plata. No se llamaba Verónica, pero la voy a llamar Verónica por discreción, aunque ella ya no viva en la Argentina. Verónica escribía cuentos que sucedían en París, en New York, en Ámsterdam, con personajes que estaban siempre invitados a grandes fiestas. El taller quedaba en Callao y Córdoba, y a la salida yo la llevaba en mi bicicleta hasta Las Heras. No nos dábamos cuenta de lo peligroso que era, o quizá sí y eso nos divertía. Una sola vez casi nos pisa un 60; estuvimos muy cerca. Yo frenaba apretando el pie contra la rueda. A veces nos metíamos en librerías y ella se compraba un libro pero después, cuando le preguntaba si le había gustado, me decía que no lo había leído. No le gustaba mucho leer. Se cruzaba todo el tiempo con ex compañeras del colegio y después me hablaba mal de ellas. Viven en una burbuja, me decía, están siempre hablando de ir a esquiar o de Punta del Este, no se dan cuenta de que la cosa va un poco más allá. Como suele pasar, Verónica despreciaba a la gente que se le parecía. Me acuerdo de que era lacia, sobre todo eso. Era más lacia que linda. Y me acuerdo también de su olor a shampoo, cuando iba sentada en el marco de la bicicleta. Sin que yo siquiera la hubiera besado, ella me incitaba y me despreciaba, iba alternando esas dos actitudes con sutileza, manteniéndome apartado pero, al mismo tiempo, a tiro. Si me lo hubiese pedido, yo la hubiese llevado pedaleando hasta Brasil.

En una de esas vueltas, me invitó a su casa en la calle Galileo porque iban a ir sus amigos de cine (estudiaba cine en un instituto del centro). Dale vení, no me banco esperar sola, me dijo. Llegamos y nos abrió la puerta de calle un guardia de seguridad, con uniforme gris. Era de los pocos edificios en Buenos Aires que en esa época ya tenían seguridad privada las 24 horas. Subimos. El departamento era enorme, decorado con sillones blancos y tapices. Vivía sola porque sus padres siempre estaban en lugares exóticos del mundo. Había una mucama vieja dando vueltas por la cocina, con la que tenía discusiones feroces que la avergonzaban. En media hora me mostró su cámara nueva, me mostró fotos de un viaje a la India, me mostró algo en la computadora que yo no entendí hasta tiempo después cuando se Popularizó Internet, puso un compact en un equipo súper Hi‑Fi, dio vueltas por el departamento, me mostró el arma del padre, comimos helado, y al rato fueron llegando los amigos.

Tenían más o menos nuestra edad. Había una chica que se llamaba Fabiana y un chico pelilargo que se llamaba Pablo, que yo pensé que eran novios porque se hacían masajes en el sillón. Todos parecían estar muy habituados al lugar, se tiraban en el living sin problema, abrían la heladera y le pedían licuados a la mucama. Los vi varias veces y me fui mimetizando con esa actitud de confianza.

Hacían base ahí y después se iban a fiestas en otras casas. Yo fui una sola vez a una de esas fiestas donde hicieron lo mismo pero con otra gente y con otra marca de cerveza: sentarse y hablar de la fiesta a la que iban a ir después. Lo mejor, la fiesta ideal, siempre estaba en el próximo lugar.

En alguna de esas charlas de sillón, salió la típica pregunta: Si pudieras tener cualquier cosa en el mundo, ¿qué te gustaría tener? La mayoría quería tener otro cuerpo o mucha plata. La respuesta de Verónica me llamó la atención. Yo quiero tener un hipnotizador personal, dijo, un "hipno", existen, te juro que existen. Un tipo que me hiptonice en los ratos aburridos, que me despierte sólo para los ratos de acción, que me anule el tiempo muerto. Eso es lo que quería Verónica, alguien que le editara la vida. Le preguntaban cómo sería y ella explicaba que el hipnotizador tenía que dormirla, por ejemplo, antes de salir de viaje a París. La subía dormida al auto, la llevaba Al aeropuerto, le hacía los trámites, la subía al avión y la despertaba un rato durante el vuelo para comer; después la volvía a dormir y la despertaba en el taxi, en las calles de París camino al hotel. Tenía que ser un tipo fuerte que pudiera llevarla en brazos.

Me sorprendió la expresión "tiempo muerto"". Se la había escuchado decir a sus amigos cineastas, pero no la había entendido del todo hasta que ella la dijo. Y me hizo acordar a unos vecinos de carpa en la playa en Pinamar dos matrimonios que jugaban al bridge después del mediodía, jugaban durante horas bajo la sombra hasta que uno de los hombres miraba el reloj y decía ¡Uy, las seis ya, che. Matamos la tarde!", pegaba uno de esos aplausos con ruido a sopapa y se frotaba las manos porque la tarde había muerto; la habían matado ellos.

La idea de Verónica también era matar el tiempo, matar el tiempo muerto. Ella tenía intolerancia al tiempo real. No soportaba el tiempo que mediaba entre los momentos supuestamente relevantes de su vida. No soportaba el tiempo muerto frente al semáforo o en las salas de espera o haciendo cola. Los momentos en que no pasa nada.

Cuando me llegó el turno de decir qué quería, yo pensé que quería tenerla a Verónica, pero no lo dije. No me acuerdo con qué traté de zafar. Tampoco sé si fue esa misma noche que conseguí darle un beso. Me acuerdo que caminamos por Galileo hasta que nos sentamos en la escalera de la Plaza Mitre y, como yo había tomado bastante cerveza, me animé. Pero era difícil. Se me escapaba. Como si no estuviera ahí. Vivía desfasada del presente, un poco corrida hacia el futuro, siempre pensando en algo bueno que iba a pasar después, hablándome de eso, una fiesta, una película esa noche, algo que iban a filmar, algo de ropa que le iban a traer los padres de New York, siempre en ese declive de la ansiedad, cayendo hacia adelante.

Yo iba seguido a la casa. A veces estaban Pablo y Fabiana viendo videos. Un sábado a la noche la había invitado a Verónica a San Telmo a tomar algo pero me había dicho que estaba cansada. Al rato cayeron Pablo, Fabiana y unos amigos de Puerto Rico que querían ir a bailar salsa. Trajeron ron La Negrita y lo mezclaron con Coca‑Cola. Yo veía que Verónica se preparaba para salir, muy divertida, y me puse a tomar ron. Un vaso tras otro. Ella quería que fuera con ellos pero yo, enfermo de literatura prefería la tristeza del perdedor. Terminé tocándole el timbre a las cuatro de la mañana, totalmente borracho, diciéndole que quería ser su hipnotizador personal. Y ella ni siquiera estaba. El guardia de planta baja, que ya me conocía me paró un taxi y me mandó a mi casa.

Le escribí cosas a Verónica. Poesía. Una vez fuimos al cine a la trasnoche, después a tomar algo, después caminamos y en un kiosco, de madrugada, compré el diario La Prensa recién salido para mostrarle que en el suplemento cultural habían publicado un poema mío dedicado a ella. No me quedaban más ases en la manga y todavía no había logrado pasar de los primeros besos. Yo le había dicho que ella me gustaba y ella me había dicho que yo era "un tipo muy intenso". Desde entonces, ese adjetivo ‑aplicado a cualquier cosa‑ me da un poco de vergüenza.

Una tarde subí pedaleando la barranca de Galileo. El guardia del edificio me dijo: ¿Qué hacés, Pedrito? No está Verónica... Che, el otro flaco, el pelilargo... ¿Quién, Pablo?, dije. Sí, te ganó de mano. Se queda a dormir y todo. Yo el otro día le tiré la lengua a Verónica, viste, le digo '¿con cuál te quedás, con el pelilargo o con Pedrito' y me dice 'con el pelilargo'.

Me despedí de él con una sonrisa bastante digna teniendo en cuenta que acababan de romperme el corazón. El guardia me había dicho la verdad, así, dura y directa. Lo odié pero hoy creo que me hizo un favor porque, si no, yo hubiese seguido dando vueltas, cada vez más enredado.

Me volví caminando al lado de la bicicleta, sin subirme. Tenía ganas de ir sacándome la ropa y tirarme desnudo en medio de la calle. No sé si fue exactamente ese día, pero la bicicleta fue a parar a la baulera. No volví a ese taller literario, ni volví a verla a Verónica. Supe, por un amigo de un amigo, que se casó y vive en Estados Unidos.

Hace un par de años escribí un cuento corto con ella como personaje. Lo tengo que corregir. El narrador era el hipnotizador, el encargado de hechizarla cuando ella se aburría. Él iba contando lo que había hecho esa tarde. Estaba ambientado en México porque me parecía que quedaba mejor. Y él hablaba de "la niña". «A las dos, la niña me ha pedido que la duerma y la lleve a una fiesta en Cuernavaca". Entonces contaba cómo la dormía en su silla, la cargaba en el auto y se sentaba al volante, para manejar despacio. Ella dormida en el asiento de atrás, él fumando, con la ventanilla abierta. Describía el viaje y cómo por el camino se veía venir una tormenta de verano, y después llovía y caía granizo. Estaba contado en presente, porque él estaba atrapado en el presente, viviendo el tiempo muerto que ella no quería vivir. Entonces llegaban de noche a Cuernavaca y unas cuadras antes el hipnotizador despertaba a “la niña” Le contaba que había granizado y ella se enojaba porque decía que cómo no la había despertado para ver eso; le hubiera gustado ver granizar. La niña lo “regañaba” mucho y se bajaba del auto hacia la fiesta, dando un portazo. Él estaba enamorado de ella.


22 de octubre de 2010

Nothing's gonna change my world

Quiero llegar. Estás ahí, lo sé. Pero no puedo llegar, ni alcanzarte. Demasiadas emociones en el medio me desintegran cuando estoy por tocarte. Quizás no lo estoy intentando bien, o deba dejar de intentarlo y entregarme de una vez. Pero me autoconvenzo, creo que estoy en ese camino, cuánto engaño! Y cómo duele el engaño. Las grietas comienzan a aparecer y el tiempo se hace presente en el mismo momento en que quiero accederte para no tener que vivir en el tiempo, ya no más. El dolor tiene muchas caras, toma muchas formas. Pero al final no es nada. Viene y va y cuando ya no está no deja rastros. Puedo desprenderme en ese lugar, lo sé. Estar desapegada de todo y entender la plenitud inmensa-infinita. Y pensar que se siente tan desesperante-imposible-inaccesible. Que corro a buscar lo que nunca encuentro porque no existe. Que todo es imaginario desde la mente. Pero que hay algo mucho más poderoso que ella. Los objetos que me rodean se diluyen en frente mio, no tienen sentido, mucho menos importancia alguna. Pero están y quiero estar en paz con ellos. Porque también forman parte lo que soy. Aún siendo efímeros-destructibles-moldeables, están, son. Y no aguanto la totalidad que es todo, no soporto no poder acomodarlo todo en mi cabeza. Me enloquece la infinitud pero estoy inmersa en ella. Y me resisto. Porque no puedo entregarme y quiero entender desde el lugar que nada lo entiende. Y duele. Duele demasiado. No encontrar la forma de estar en la propia vida y con todo lo demás. Qué puede ser más liberador, más revolucionario que dejar de buscar algo que no existe. El sentido de la vida? jaja el sentido. Soy. No necesito nada. Y qué miedo. Pero el miedo, el miedo es como el dolor, tiene muchas caras, muchos disfraces, pero viene y va y cuando ya no está no deja rastros. Estoy limpia. No quiero nada y eso es todo lo que soy. Estoy vacía pero nunca estuve más completa.

13 de octubre de 2010

Hoy soy esto, mañana no sé, pasado no me importa

Hache

(nadie lo expresó de manera tan sencilla)

10 de octubre de 2010

Conclusiones provenientes de músculos y huesos

Quiero perder el control. Estoy harta de tenerlo. No lo quiero más. Tengo miedo de que no me suelte. Porque tenerlo se volvió algo compulsivo. Y ahora que ya no lo quiero, no me quiere soltar.

9 de octubre de 2010

No haya duelo, su victoria es la nuestra.


El Che, así se llama la primera entrada de este blog. Y ahí pueden leer entera la poesía que inspiró en Mario Benedetti.

Da vergüenza el confort y el asma da vergüenza
cuando tú comandante estás cayendo
ametrallado, fabuloso, nítido
eres nuestra conciencia acribillada

Dicen que te quemaron,
con qué fuego van a quemar las buenas
las buenas nuevas,
la irascible ternura que trajiste y llevaste
con tu tos, con tu barro

Dicen que incineraron toda tu vocación menos un dedo
basta para mostrarnos el camino
para acusar al monstruo y sus tizones
para apretar de nuevo los gatillos


¿Cómo ser tan indigno de pensar en resignarse pisando el mismo suelo que pisaste, cuándo atravesaste los peores miedos, cuándo apretaste el gatillo que pocos se animaron a apretar, cuándo viviste la muerte en cada bocanada de aire, cuando la desesperación brotaba desde tus pulmones? De vos nace mi inspiración. De tu revolución eterna. De tu eterna voluntad para cambiar lo más indigno y lo más brutal que tus ojos y tu alma no soportaron ver: el hambre, la esclavitud, la crueldad y el aprovechamiento más atroz hacia los que nada tenían. Cuánta falta nos hacés hoy. Podrán criticarte el fusil, podrán criticarte las formas, pero nunca podrán quitarte la voluntad, la dedicación, tu poner el cuerpo y la vida para luchar por lo justo. Jamás podrán quitar el profundo amor que nos dejaste. Jamás podrán matar las conciencias dormidas que despertaste. Porque diste tu vida para demostrarnos que se puede luchar por lo que creemos. ¡Qué idiota áquel que sólo mira tu imagen, qué idiota áquel que te llama asesino, qué idiota áquel que te llama Dios, qué idiota áquel que sólo te compra! Vicente Feliú escribió en una canción "algún poeta dijo, y sería lo más justo, desde hoy nuestro deber es defenderte de ser Dios" Y es cierto, porque fuiste un ser humano con todas las debilidades y demonios propios de lo que somos, y aún así, nos demostraste lo divino que llevamos dentro. Me sobran las palabras para recordarte hoy, a 43 años de tu muerte. Me quedo con las palabras de otro: "tus manos, aún muertas están luchando, porque tus manos no te las cortaron rogando" Retornarás como los huracanes y los rayos, todo encendido como eras, dijo alguien más, y de verdad creo que así es. Estás vivo, estás presente. Por siempre.

Podría dejar que muchos otros hablen por mí, pero qué mejor que dejar al genio de Julio Cortázar. Si él se quedó sin palabras, no pretendan que nadie más las tenga. Se la escribió al poeta cubano Roberto Fernández Retamar, amigo del Che y a su hija, Adelaida.

Roberto, Adelaida, mis muy queridos:

Anoche volví a París desde Argel. Solo ahora, en mi casa, soy capaz de escribirles coherentemente; allá, metido en un mundo donde sólo contaba el trabajo, dejé irse los días como en una pesadilla, comprando periódico tras periódico, sin querer convencerme, mirando esas fotos que todos hemos mirado, leyendo los mismos cables y entrando hora a hora en la más dura de las aceptaciones. Entonces me llegó telefónicamente tu mensaje, Roberto, y entregué ese texto que debiste recibir y que vuelvo a enviarte aquí por si hay tiempo de que lo veas otra vez antes de que se imprima, pues sé lo que son los mecanismos del télex y lo que pasa con las palabras y las frases. Quiero decirte esto: no sé escribir cuando algo me duele tanto, no soy, no seré nunca el escritor profesional listo a producir lo que se espera de él, lo que le piden o lo que él mismo se pide desesperadamente. La verdad es que la escritura, hoy y frente a esto, me parece la más banal de las artes, una especie de refugio, de disimulo casi, la sustitución de lo insustituible. El Che ha muerto y a mí no me queda más que silencio, hasta quién sabe cuándo; si te envié este texto fue porque eras tú quien me lo pedía, y porque sé cuánto querías al Che y lo que él significaba para ti. Aquí en París encontré un cable de Lisandro Otero pidiéndome ciento cincuenta palabras para Cuba. Así, ciento cincuenta palabras, como si uno pudiera sacarse las palabras del bolsillo como monedas. No creo que pueda escribirlas, estoy vacío y seco, y caería en la retórica. Y eso no, sobre todo eso no. Lisandro me perdonará mi silencio, o lo entenderá mal, no me importa; en todo caso tu sabrás lo que siento. Mira, allá en Argel, rodeado de imbéciles burócratas, en una oficina donde se seguía con la rutina de siempre, me encerré una y otra vez en el baño para llorar; había que estar en un baño, comprendes, para estar solo, para poder desahogarse sin violar las sacrosantas reglas del buen vivir en una organización internacional. Y todo esto que te cuento también me avergüenza porque hablo de mí, la eterna primera persona del singular, y en cambio me siento incapaz de decir nada de él. Me callo entonces. Recibiste, espero, el cable que te envié antes de tu mensaje. Era mi única manera de abrazarte, a ti y a Adelaida, a todos los amigos de la Casa. Y para ti también es esto, lo único que fui capaz de hacer en esas primeras horas, esto que nació como un poema y que quiero que tengas y que guardes para que estemos más juntos.


Che

Yo tuve un hermano.

No nos vimos nunca
pero no importaba.

Yo tuve un hermano
que iba por los montes
mientras yo dormía.
Lo quise a mi modo,
le tomé su voz
libre como el agua,
caminé de a ratos
cerca de su sombra.

No nos vimos nunca
pero no importaba,
mi hermano despierto
mientras yo dormía,
mi hermano mostrándome
detrás de la noche
su estrella elegida.


Ya nos escribiremos. Abraza mucho a Adelaida. Hasta siempre,

Julio



4 de octubre de 2010

Los recuerdos más complejos requieren las elaboraciones más simples

Era una nena muy pequeña. Estaba siempre sentada sobre el piso con sus piernas cruzadas. Se tocaba los dedos de una mano con la otra. Porque le gustaba investigarlo todo y era tan chiquita que recién estaba empezando por el extremo de sus brazos. Tan detallista era que un día se puso a pensar en la vida. Como nada se le escapaba, sabía que su cuerpo no funcionaría para siempre. Por lo que, a través de la lógica que tan bien manejaba, entendió que llegado un día, la vida tal como la conocía dejaría de existir. Le preocupaba mucho más su conciencia que su cuerpo. ¿Dónde iría a parar toda esa energía obsesivamente presente que encendía su mente? La siguiente reacción fue una puntada intensísima en su pecho. ¿Cómo puede uno sentirse más vivo que nunca al pensar en la muerte? Intentó dejar de hacerlo, pero fue inútil. Tanto lo había buscado que finalmente accedió a la incertidumbre que no tiene respuesta. Caminó el largo pasillo que separaba su habitación de la cocina, donde estaba su madre cocinando.
- Mamá - le dijo - ¿qué va a pasar conmigo cuando me muera?
Su madre abrumada jamás imaginó esa pregunta de su pequeña niña de cuatro años.
- No te preocupes hija, no pienses en eso
- Pero tengo miedo mamá
- Todo va a estar bien - le dijo su madre y la abrazó tan fuerte que la nena se impregnó de su olor.
Al día siguiente estaban las dos solas en la casa. La mamá le preguntó a su hija si podía esperarla un ratito bien chiquito mientras ella iba a hacer unos mandados hasta la esquina. Podés mirarme desde la ventana - le dijo a la niña - cuando menos te des cuenta estoy de vuelta. Lo que la madre no sabía era que la nena nunca dejaba de darse cuenta. Por lo que se aferró a los barrotes de la ventana y observó a su madre salir por la puerta y la vió caminar hacia su derecha hasta que en un determinado instante desapareció de su vista.
Lo que esa madre nunca supo fue que esa nena entendió lo que era la muerte en el mismo momento en que dejó de verla. Que en esos minutos antes de su reaparición entendió también lo que era la eternidad. Cuando la madre entró por la puerta la nena le pidió a su mamá, ¿me abrazás?. Ambas se unieron en un abrazo y la niña volvió a impregnarse de su olor.
La nena volvería a morir muchas veces a lo largo de su vida.

30 de septiembre de 2010

De esos sueños que parecen irrelevantes y al final no lo son

El otro día soñé con un loco, ¿te acordás que te conté? Que quería hacernos daño a todos los que estábamos en esa casa. Y el muy perverso se quedaba bajo el marco de la puerta, no estaba adentro ni afuera, a pesar de que la habíamos abierto sin preguntar. Yo no pensé en cómo salvarme del loco, en lo único que pensaba era en cómo salvarnos a los dos. No existía otra posibilidad. Y dudé, dudé, dudé. Para variar, dudé una vez más. Si correr, si permanecer afuera o entrar. Pero vos actuaste, para variar. Y entraste. Sin dudar. Y yo me quedé evaluando. Correr o entrar. Correr o entrar. Correr o entrar. Hasta que finalmente actué, y entré, porque en lo único que pensaba era en cómo salvarnos a los dos. No existía otra posibilidad. Y escuchamos un grito, alguien corrió y le cerró la puerta en la cara a la locura, justo cuando estaba por entrar. Y nos salvamos. Vos y yo.
El otro día me llamaste para avisarme que me habías mandado un cuento. Que lo leiste y pensaste en mi. Lo leí y me reí. Tan fuerte. Porque me reconocí. Te llamé, y te agradecí por darme palabras. Porque vos me das muchas cosas pero nunca me habías dado palabras. Podrías haberlas olvidado, pero supiste que eran claras y sencillas, que podía hacerlas mías. Supiste que expresaban cómo vivo, cómo pienso, cómo siento. Y me las regalaste, y nunca nadie me regaló algo tan lindo.
Todo esto tiene relación, pero no cualquier relación. De esas que te confirman que hay algo más, que no podemos ver ni tocar, pero que existe. Hoy dije en voz alta que tenía uno de esos días en los que me sentía incómoda con la vida, esos días en los que sentís que no estás. Y me di cuenta que sos la única persona con la que podría compartirlo porque sos la única persona con la que puedo no estar. Vos me entendés. Sí, estaba hablando de vos.

27 de septiembre de 2010

Modernidad líquida

Si ha pasado la época de las revoluciones sistémicas, es porque no existen edificios para alojar las oficinas del sistema, que podrían ser invadidas y capturadas por los revolucionarios; y también porque resulta extraordinariamente difícil, e incluso imposible, imaginar qué podrían hacer los vencedores, una vez dentro de esos edificios (si es que primero los hubieran encontrado), para revertir la situación y poner fin al malestar que los impulsó a rebelarse. Resulta evidente la escasez de esos potenciales revolucionarios, de gente capaz de articular el deseo de cambiar su situación individual como parte del proyecto de cambiar el orden de la sociedad.

Modernidad Líquida
Zygmunt Bauman

22 de septiembre de 2010

We're too young to fall asleep, too cynical to speak

Dónde está la humanidad del que señala, juzga, condena u odia a áquel al que absolutamente todo le fue negado, sólo porque evidencia la culpa de su propio egoísmo y su incómoda comodidad? dónde está la humanidad del que se aprovecha de la muerte de otro para conseguir algo, del que miente, deforma, inventa y confunde con el sólo fin de obtener más poder? dónde está la humanidad de la especie que se ha encargado de autoaniquilarse durante siglos de guerra, esclavitud y genocidios? dónde está la humanidad del que defiende un sistema porque le conviene, del que luego llora los muertos que ese sistema provoca, del que además se atreve a señalar a áquel que sólo conoce la miseria? Dónde está la humanidad? Díganme porque yo no la encuentro

15 de septiembre de 2010

Sonríe por mi, Patti, porque yo sonrío por ti



Querido Robert:

Cuando no puedo dormir, a menudo me pregunto si tú tampoco puedes. ¿Tienes dolor o te sientes solo? Tú me sacaste del período más aciago de mi joven vida y compartiste conmigo el sagrado misterio de lo que es ser artista. Aprendí a ver a través de ti y jamás he compuesto un verso ni he dibujado una curva que no provenga de los conocimientos que obtuve en nuestra preciada vida juntos. Tu obra, que emana de una fuente fluida, tiene su origen en la candorosa canción de tu juventud. Entonces hablabas de dar la mano a Dios. Recuerda que, en todo lo que has pasado, siempre has ido de esa mano. Cógela fuerte, Robert, y no la sueltes.
La otra tarde cuando te quedaste dormido en mi hombro, también yo me dormí. Pero antes de hacerlo pensé, mientras miraba todas tus cosas y creaciones, y repasaba tus años de trabajo, que de todas tus obras, tú continúas siendo la más bella. La obra más bella de todas.

Patti


Carta de Patti Smith a Robbert Mapplethorpe antes de su muerte

Éramos unos niños
Patti Smith

10 de septiembre de 2010

Dos ojos penetrantes se miraron en dos ojos penetrantes: el tipo santo de mente resplandeciente, y el tipo melancólico y poético de mente sombría

Corrían calle abajo juntos, entendiéndolo todo del modo en que lo hacían aquellos primeros días, y que más tarde sería más triste y perceptivo y tenue. Pero entonces bailaban por las calles como peonzas enloquecidas, y yo vacilaba tras ellos como he estado haciendo toda mi vida mientras sigo a la gente que me interesa, porque la única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas y entonces se ve estallar una luz azul y todo el mundo suelta un ¡Ahhh!

On the Road
Jack Kerouac

2 de septiembre de 2010

A





La palabra anarquía, que implica la negación del orden actual e invoca el recuerdo de los más bellos momentos de la vida de los pueblos, ¿no está bien elegida para calificar a una falange de hombres que va a la conquista de un porvenir de libertad y amor para nuestra especie?
Piotr Kropotkin

El anarquismo es la única filosofía que aporta al hombre la conciencia de sí mismo, que sostiene que Dios, el Estado y la sociedad son inexistentes, que sus promesas son nulas y sin valor, ya que sólo pueden cumplirse a través de la subordinación del hombre.
Emma Goldman

1 de septiembre de 2010

Las madrugadas son para cualquiera

En una noche cualquiera puedo dibujar el mundo en mi mente con un pedazo de alfajor y un vaso de chocolatada sobre la mesada. En un instante todo puede parecer acabado pero al segundo la sensación de plenitud es intensa, el vacío puede tan desesperante como liberador. Al rato agarrar el lápiz y escribir unas cuantas palabras en mi cuaderno de espiral, fragmentos claramente inspirados por la lectura que antecedió el momento. Ser detallista hasta el cansancio aunque nunca me canse realmente de serlo. Y tirarme al piso a su lado con los ojos cerrados escuchando la perfección que no para de sonar, en conexión solidaria y armónica con el universo en su totalidad. Perder el control quedando paralizada, una contradicción puramente mental. Crear colores nuevos con pasteles robados y odiar al sistema que vuelve un pedazo de arte en un producto inaccesible. Ser feliz, atravesada por la soledad y sentir en el aire la red que me une con todo lo demás. Pensar intensamente y quedar en blanco con suma facilidad, olvidarme de las cosas y desesperarme por recordar. Sentir que mi corazón late a mil por segundo y mirar en dvd su último concierto perfecto. Escucharla hablando de lo inhumano del capitalismo y por otro lado, rogarle a él por mensaje de texto que no lo chupe el sistema. Buscar inscansablemente. Leer, leer, leer hasta que el libro me aplaste. Respirar al ritmo del crujido de las persianas y admirar su cara aunque no esté conmigo. Dejar fluir la imaginación hasta volverla realidad. Mirarlas sentadas charlando trivialidades, borrosas por el humo y la cerveza. Pararme y bailar con él hasta que me duelan las costillas. Reírme tan fuerte de los miedos irracionales hasta quedarme dormida.

31 de agosto de 2010

26 de agosto de 2010

Nosotros

Antes de conocerte nunca había siquiera imaginado que la palabra nosotros pudiera tener tanto significado. Suelo utilizarla para agruparme con personas con las cuales tengo algo en común, pero desde tu aparición es un término radicalmente distinto. El nosotros para referirme a vos y a mi es una palabra sin riesgos, sin ataduras, sin complejos, pero sobre todo sin tiempos ni circunstancias. Es un nosotros natural. Igual de natural que subirme a tu auto y sentir que mis ojos están vendados, sin saber adonde voy, está claro que tu incansable inquietud es mi venda imaginaria. Vos sabés que no suelo pensar mucho en mi infancia porque siento que hay mil vidas en el medio. Pero hoy recordé claramente un dibujo de un libro que solía leer, en el cual dos personas eran llevadas por el viento. Me acuerdo la seguridad que me daba ver sus manos entrelazadas con suavidad pero con fuerza. Podían ser arrastradas a cualquier lugar pero nunca se soltaban. Con vos es un poco así, nunca sé adonde nos vas a llevar, pero también se que nunca me soltarías y así es que aprendí a los trotes a perderle el miedo a la incertidumbre. Puedo estar sola, tan sola como una persona puede estar, fascinada en mis estados de conciencia que siempre llevo un poco más allá, pero aún en la soledad siempre estás ahí, no para sostener, sino para acompañar. Tan natural como reconocer que mis peores temores pueden quedar absurdamente ridículos ante sólo un gesto tuyo. A veces son tus manos en un pequeño ademán las que parecieran decir tener miedo es una estupidez. Aunque es mucho más fácil mirarte a los ojos y reconocer en ellos el mundo que creamos por y para nosotros; ese mundo sin lógicas, sin palabras, tan fascinante y psicodélico que sólo podría describirse a través de un dibujo (sin dudas el amarillo y el verde serían los colores predominantes) Tan natural como el resonar de tus palabras repetidas una y otra, y otra vez: el error es creer que todo lo que percibís es una realidad. Puede que antes no lo entendiera, hasta que me di cuenta que el final de la frase es la realidad no es una sola, y vos siempre lo das por entendido. Lo cotidiano puede ser tan absurdo a veces, pero siempre está ese lugar adonde ir, donde sólo nosotros existimos, ese lugar al que recurrimos para carcajear a los segundos de un fuerte intercambio, riéndonos de nosotros mismos en ese nivel que es sólo nuestro, donde nada puede quebrarnos. Es en esa realidad, donde nosotros somos eternos.

17 de agosto de 2010

¿Acaso un hombre consciente puede respetarse a sí mismo?

Quería escribir sólo uno, pero me fue imposible decidir. Por lo que me tomé el trabajo de escribir varios, pero sólo algunos, de mis fragmentos predilectos. Así que acá está, Fiódor Dostoievski con sus Memorias del Subsuelo.

Algo muy distinto es comprenderlo todo, tomar conciencia de todo, de todos los imposibles y muros de piedra; no resignarse a ninguno de estos imposibles y muros de piedra si a ustedes les da asco resignarse; llegar, a través de las combinaciones lógicas más inevitables, a las conclusiones más abominables sobre el eterno tema de que hasta del muro de piedra uno se siente como culpable, aunque sea a todas luces evidente que uno no es culpable en absoluto, y, en consecuencia, rechinar en silencio y con impotencia los dientes y abandonarse voluptuosamente a la inercia, soñando con que incluso no tienes contra quién enfurecerte; que la furia no tiene objeto y que acaso no lo tendrá nunca, que se trata de un truco, de un engaño, de una trampa, que se trata sencillamente de un lodazal, que no sabemos qué ni quién, pero que, a pesar de toda esa incertidumbre y ese engaño, el dolor de ustedes no cesa, y cuanto más ignoran ¡más les duele!

¡Oh, si sólo no hubiera hecho nada por pereza! ¡Señor!, ¡cómo me respetaría entonces a mí mismo! Me respetaría justamente porque al menos sería capaz de ser perezoso; al menos tendría una especie de cualidad positiva de la cual sentirme seguro. Pregunta: ¿quién es éste? Respuesta: un perezoso; pero si hasta eso sería agradable de escuchar sobre uno mismo. Significaría una definición positiva, significaría que hay algo que decir sobre mí. "¡Perezoso!", pues eso es todo un título y un nombramiento, es una carrera, señores. No bromeen, así es. Entonces tendría derecho a ser miembro del club más exclusivo y habría dedicado mi tiempo sólo a respetarme.

En definitiva, señores: ¡es mejor no hacer nada! ¡Es mejor la inercia consciente! Así que ¡viva el subsuelo! Aunque antes haya dicho que envidio al hombre normal hasta la última gota de mi bilis, no quisiera ser como él en las condiciones en las que lo veo (pero así y todo no dejaré de envidiarlo). ¡No, no, siempre es mejor el subsuelo! Por lo menos ahí es posible...¡Eh! ¿Pero también ahora estoy mintiendo! Miento porque yo mismo sé como dos por dos son cuatro que el subsuelo no es lo mejor, que lo que ansío es algo diferente, completamente diferente, ¡pero que no puedo encontrar! ¡Al diablo el subsuelo!

(...) porque todos nosotros nos hemos desacostumbrado de vivir, todos cojeamos, quien más quien menos. Nos hemos desacostumbrado tanto que a veces le sentimos cierta aversión a la auténtica "vida viva" y por eso no podemos soportar que nos la recuerden. Hemos llegado hasta tal punto, que casi consideramos la auténtica "vida viva" como un esfuerzo, casi como un trabajo, y en nuestro fuero íntimo todos estamos de acuerdo en que es mejor vivir como en los libros. ¿Y qué es lo que a veces nos da hormigueo, por qué hacemos extravagancias, qué es lo que pedimos? Ni nosotros mismos lo sabemos.

Vean: la razón, señores, es una cosa buena, esto es indiscutible; pero la razón es sólo la razón y satisface únicamente la capacidad del hombre de razonar, mientras que el deseo es la manifestación de toda la vida, es decir de toda la vida humana incluyendo la razón y todos los cosquilleos. Y aunque en esta manifestación nuestra vida revela a menudo toda su miseria, sigue siendo vida y no la mera extracción de una raíz cuadrada. (...) La razón sólo sabe lo que ha llegado a saber (...), mientras que la naturaleza humana actúa en conjunto, con todo lo que hay en ella, consciente e inconscientemente, y aunque pueda errar, vive.

13 de agosto de 2010

Retrato

Corría el colectivo con sus piernas chuecas, todos a su alrededor se reían. Quería evitarlo, pero siempre llegaba con el tiempo justo. Una vez arriba, se sentaba en el asiento del medio. Le gustaba sentir que había gente rodeándolo. Su viaje duraba 50 minutos, todos los días. Durante ese tiempo no hacía otra cosa que mirar por la ventana. Veía como el mundo pasaba de cuadro en cuadro, como en las películas. Odiaba los semáforos. Le causaban una ansiedad insoportable. Como si alguien más pusiera en pausa el momento cúlmine de la escena más maravillosa jamás vista. Sonreía cuando alguien lo miraba. Le gustaba que lo observen, sólo eso, porque el no lo hacía con los demás, se limitaba a sonreir y corría su mirada.

Su rostro era tan pálido como la nieve, casi no se reflejaba en los cristales del autobús. Los rayos de sol sobre su cara no hacían más que evidenciar su transparencia. Sus ojos negros, dejaban asomar una tenue perversión entrelazada con un poco de cansancio y otro tanto de aburrimiento. Su boca, siempre excitada, exudaba saliva más de lo normal y los labios rojizos aparecían bruscamente desde el blanco y pálido fondo. Sus orejas, voluminosas, sobresalían tímidamente, al igual que su nariz, fina pero poderosa. No podía decirse que era un tipo alto, tampoco corpulento. Podría decirse, si quisiera, que componía un hombre promedio, aunque seguramente lo consideraría irrespetuoso. Su cuerpo entero carecía de gracia, la que sólo albergaba en pequeños gestos y, aún sentado, parecía estar siempre en movimiento.

Creía que vivía por inercia, pero sus manos decían mucho más que eso. Toda su fisonomía delataba resignación pero sus manos gritaban deseos. Quizás sea ése el motivo por el cual las escondía constantemente dentro de sus bolsillos. Le avergonzaban sus manos, les tenía temor, porque era el único rincón de su cuerpo que no podía controlar.

Miraba a su alrededor buscando, pero no encontraba, nunca encontraba. Mas, cuando ésto parecía desesperarlo, disimulaba con tal rapidez que casi no te dabas cuenta. Quería ser independiente, pero dependía demasiado. Su único orden posible provenía desde afuera. A veces parecía estar entero, sin embargo sus hombros caídos delataban aquello en su interior que permanecía allí dentro, pulverizado, roto en mil pedazos. A veces se preguntaba qué lo había lastimado tanto, pero era lo bastante inteligente para reconocer lo inútil de ese interrogante. Sabía, en el fondo, que nada iba a ser suficiente.

Inspiraba sufrimiento con cada sorbo de aire. La rutina le era una carga demasiado pesada. Pensaba, recordaba, imaginaba, pero ya nada lo conmovía. Ni siquiera sabía por qué vivía. Tampoco si aquello de existir debía tener algún motivo. Si al menos por un minuto hubiera podido mirar a alguien a los ojos, seguramente hubiera hundido su cabeza en esos hombros ajenos y hubiera llorado la vida. Pero no tenía tiempo. Llevaba así cinco décadas. Demasiadas almas dependían de él. Y quizás fueran esos 50 minutos contra el cristal los únicos en los que podía ser como quería. Se había vuelto demasiado cínico para aceptarlo, y estaba demasiado vivo para fingir que no lo estaba. Tomaba su maletín y el deseo en sus manos se apagaba. Caminaba hacia la puerta del colectivo con la ilusión intacta. Quizás algún día se daría cuenta que nunca había sufrido.

4 de agosto de 2010

Vicios

  • las librerías: historias, imágenes, poesía, deseos, novelas, ficción, realidad, fantasías, la vida misma está ahí adentro.
  • la chocolatada: tendré 80 años y seguiré tomando leche con nesquick
  • fumar: me reniego a creer que algo tan placentero pueda causar algún daño
  • las películas de época: con esas historias de pasiones donde los protagonistas se miran pero no se tocan
  • tocar el piano: crear música, reproducirla, tocar con tus propias manos y que de esa acción resulte música, es la sensación de estar uno mismo convirtiendóse en ella, es el sentimiento más sublime
  • arreglar ropa: coserla, descoserla, modificarla, agregarle, quitarle, cualquier cosa que se le pueda hacer. Así fue que arruiné muchas prendas, pero mejoré otras tantas.
  • cortarme el pelo: uf, otro vicio con consecuencias negativas.
  • las películas, los discos, los libros, las pinturas o cualquier otra expresión artística que me provoque un estado confuso de conciencia: y también otras cosas, no artísticas, pero que también alteran la conciencia
  • la cerveza: bien helada, y si es Budweiser mejor
  • radiohead: una puerta constante, una fascinación indescriptible
  • la inteligencia: me atraen y me fascinan los coeficientes intelectuales elevados
  • me pongo más cursi que de costumbre y digo, porque no puedo obviarlos: las flores, las frutillas y los perros, las criaturas más increíbles del planeta, me hacen feliz, punto
  • los documentales de música: la mejor forma de entender una época o una cultura, a través de su música
  • los intercambios ideológicos: aunque la mayor parte de las veces terminen como el orto
  • la melancolía: a veces insoportable, pero muchas veces necesaria y siempre inevitable
  • la ortografía: cuando escribo intento que sea perfecta, pero no me pongo obsesiva con las faltas ajenas, siempre y cuando sean leves y permitan que lo que se lee, mínimo, se entienda.
  • los idiomas: me gustaría entenderlos y saber hablarlos todos
  • la sabiduría: la intelectual y la espiritual, el sentido común, las personas cultas pero con sensibilidad, las mentes abiertas, los que están siempre en la búsqueda

30 de julio de 2010

Ideas

¿Cuál será la idea más frustrante respecto a la vida?
¿El pensar que tiene demasiados obstáculos y limitaciones
o el darse cuenta que en realidad no existen?
Que no hay obstáculo que pueda quebrar la voluntad.
Que absolutamente todo depende de uno.

23 de julio de 2010

Religión

Hace un tiempo escribí un fragmento de un texto de Albert Einstein. Hablaba sobre el capitalismo, puede leerse acá. En ese entonces comenté acerca de todos los campos sobre los cuales este genio ha dejado su pensamiento. Cada vez que lo leo, estoy más convencida de que Einstein no era sólo una mente brillante, su genialidad tiene que ver con su Ser, con su espíritu. Va muchísimo más allá de lo que su coeficiente intelectual puede revelar. En esta ocasión necesito compartirles algunas ideas que plasmó sobre la religión. Deléitense con este hombre que puede resumir este tema con la siguiente frase: "Mi religión consiste en una humilde admiración del ilimitado espíritu superior que se revela en los más pequeños detalles que podemos percibir con nuestra frágil y débil mente"


La más bella y profunda emoción que nos es dado sentir, es la sensación de lo místico. Ella es la que genera toda verdadera ciencia. El hombre que desconoce esa emoción, que es incapaz de maravillarse y sentir el encanto y el asombro, está prácticamente muerto. Saber que aquello que para nosotros es impenetrable realmente existe, que se manifiesta como la más alta sabiduría y la más radiante belleza, sobre la cual nuestras embotadas facultades sólo pueden comprender en sus formas más primitivas. Ese conocimiento, esa sensación, es la verdadera religión.

Éste último es absolutamente acorde a algunos acontecimientos ocurridos hace poco tiempo en nuestro país, pero que a la vez son hechos que lamentablemente se han repetido una y otra vez a lo largo de la historia y que tienen que ver con la constante presión, sobre todo de la Iglesia Católica, y su interminable entrometimiento en los asuntos estatales. Ni hablar de lo que fue la participación de esta institución religiosa durante la dictadura militar. Y estamos hablando de la Argentina, pensemos por un minuto en la historia misma de la humanidad y a nivel global y entenderemos esta maravillosa reflexión. Lean:

Cuanto más imbuido esté un hombre en la ordenada regularidad de los eventos, más firme será su convicción de que no hay lugar —del lado de esta ordenada regularidad— para una causa de naturaleza distinta. Para ese hombre, ni las reglas humanas ni las "reglas divinas" existirán como causas independientes de los eventos naturales. De seguro, la ciencia nunca podrá refutar la doctrina de un Dios que interfiere en eventos naturales, porque esa doctrina puede siempre refugiarse en que el conocimiento científico no puede posar el pie en ese tema. Pero estoy convencido de que tal comportamiento de parte de las personas religiosas no solamente es inadecuado sino también fatal. Una doctrina que se mantiene no en la luz clara sino en la oscuridad, que ya ha causado un daño incalculable al progreso humano, necesariamente perderá su efecto en la humanidad. En su lucha por el bien ético, las personas religiosas deberían renunciar a la doctrina de la existencia de Dios, esto es, renunciar a la fuente del miedo y la esperanza, que en el pasado puso un gran poder en manos de los sacerdotes. En su labor, deben apoyarse en aquellas fuerzas que son capaces de cultivar el bien, la verdad y la belleza en la misma humanidad. Esto es de seguro, una tarea más difícil pero incomparablemente más meritoria y admirable.


Gracias Genio

21 de julio de 2010

18 de julio de 2010

Fragmento de un cuento que nunca fue escrito

(...)Comencé a entusiasmarme tanto, mirando a la gente, charlando con ellos, quería desglosar cada uno de sus gestos, penetrar sus miradas, reconocerlos, comprenderlos. Quería inspirar con una gran bocanada todo ese aire que nos recorría. Progresivamente conseguí alejarme de todas las preguntas que cualquier persona razonable se haría ante una vivencia similar y me limité a disfrutarlo. No me resultó difícil, todos éramos una gran familia compartiendo una deliciosa merienda colectiva; conviviendo en un mismo nivel, un inmenso e infinito nivel en el que todos ocupábamos un lugar imprescindible. Por un instante temí que alguien pudiera desbordarse, escaparse de la red en la que estábamos inmersos, pero una sensación de ensueño me recorrió la espalda, y entendí que eso era imposible. No había conciencia del momento, se vivía simplemente. Me reté a mi mismo por permitirme ese pensamiento. (...)Caminé hacia la costanera, me detuve a observar el río plácido, armonioso como nunca antes. La naturaleza brindaba el escenario ideal. De pronto miré las estrellas, y lloré como un niño, pensando en mi vida, en la desilusión y la desesperanza que por momentos me habían vencido. ¿Cómo pude permitirlo? “Todo es posible, no hay limitaciones”, me dije a mi mismo.

16 de julio de 2010

Resistencia

Resiste a la indiferencia,
al abrazo fingido,
al puñal por la espalda
al canto ahogado, resiste.

Al pueblo dormido,
al concepto estático
a la falta de ideas
al terror agazapado, resiste.

Al miedo paralizante,
a la cruel injusticia
a la mentira descarada
a la mano negada, resiste.

Al rostro frío,
a la destrucción planeada
al poeta sin poesía
al cobarde y al vencido, resiste.

Resiste al odio
mientras rozes la utopía.
Resiste a la mismísima muerte
mientras seas vida.

15 de julio de 2010

Happy Day!

Feliz :) Ahora vivimos en un país más justo e igualitario.

Para festejar, los más grandes.

We all want to change the world.
Don’t you know it’s going to be alright,
Alright, alright.

12 de julio de 2010

Federico

AY VOZ SECRETA DEL AMOR OSCURO.

¡Ay voz secreta del amor oscuro!
¡ay balido sin lanas! ¡ay herida!
¡ay aguja de hiel, camelia hundida!
¡ay corriente sin mar, ciudad sin muro!

¡Ay noche inmensa de perfil seguro,
montaña celestial de angustia erguida!
¡ay perro en corazón, voz perseguida!
¡silencio sin confín, lirio maduro!

Huye de mí, caliente voz de hielo,
no me quieras perder en la maleza
donde sin fruto gimen carne y cielo.

Deja el duro marfil de mi cabeza,
apiádate de mí, ¡rompe mi duelo!
¡que soy amor, que soy naturaleza!

Federico García Lorca

Federico fue asesinado por el franquismo en agosto de 1936, después del alzamiento militar contra la Segunda República. Una denuncia enviada al Gobernador de Granada decía que Lorca era un escritor subversivo, que tenía una radio clandestina en la Huerta de San Vicente con la cual estaba en contacto con los rusos y que era homosexual. Federico García Lorca era abiertamente homosexual y en su obra se refleja el desgarro y la desesperación de la marginación y el rechazo en una sociedad homofóbica al extremo. Federico fue un hombre valiente que entregó su vida por la libertad.

Hace rato quería escribir sobre García Lorca, y esta semana me parece más que propicio. A ver si después de este miércoles podemos, de una vez por todas, tener todos los mismos derechos ante la ley.

8 de julio de 2010

Quién iba a decir

que un jueves común y corriente pudiera traer semejante revelación.


Ser feliz es muchísimo, pero muchísimo más fácil de lo que pensaba

23 de junio de 2010

De vez en cuando...

está bueno estrellarse contra la mortalidad.
(siempre y cuando no te rompas la cabeza)

18 de junio de 2010

Optimistic

Es, por lo menos, raro alcanzar un nivel de conciencia por el cual todas aquellas cosas que parecían importantes ya no lo son. Pero más rara aún es su actitud optimista ante esto. No suele ser optimista, no es su fuerte. De hecho detesta a las personas optimistas. Tiene una manera de ver las cosas que es muy variable, inencasillable. Hoy se mira y no es para nada la de antes. Algo cambió, más bien, todo cambió. Hace rato que nada es lo que era. Por momentos es desesperante. Tan desesperante que hasta quisiera que las mismas boludeces que la hacían sufrir vuelvan a importarle. Pero no hay chances, no. Una vez que te das cuenta no hay vuelta atrás. Es como nacer de nuevo, como si precisaras aprender otra vez cosas tan básicas, como moverse por ejemplo. En otros momentos es ilusionante. La posibilidad de arrancar a caminar, de cero, con una conciencia completamente renovada, aún un tanto confusa y caótica, pero al mismo tiempo clara, tan clara como para darse cuenta de las cosas aún antes que sucedan. Las emociones ya no son las mismas. Ni siquiera sufre. El sufrimiento se elige, y ella se volvió incapacitada para elegirlo. Cuando ya pasaste la peor locura y zafaste de no ahogarte adentro, no te queda otra que salir disparado hacia adelante. De hecho, es como si las piernas se movieran solas. A veces es difícil encontrar a donde ir. Pero eso es puro verso. No hay adonde ir. No hay que ir a ningún lado.